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22/2/10
El éxito y las emociones positivas
Tal vez el rasgo humano más importante en cuanto al desarrollo de habilidades sea la productividad en el trabajo, más conocida como «sacar las castañas del fuego».
Aunque es casi imposible dilucidar si la mayor satisfacción laboral hace a alguien más feliz o la predisposición a ser feliz es la causa de la satisfacción con el trabajo, no debería sorprender que las personas más felices estén notablemente más satisfechas con su trabajo que las menos felices.
Sin embargo, las investigaciones sugieren que cuanto mayor es la felicidad, se registra más productividad y mayores ingresos.
En un estudio se midió el nivel de emoción positiva de 272 empleados, a los cuales posteriormente se sometió a un seguimiento de su rendimiento laboral durante dieciocho meses. Las personas más felices obtuvieron mejores valoraciones de sus supervisores y un salario más elevado.
En un estudio a gran escala de jóvenes australianos realizado durante quince años, se observó que el elevado nivel de felicidad se relacionaba con mayores posibilidades de obtener un trabajo remunerado y con mejores salarios.
Con el propósito de determinar si lo más importante es la felicidad o la productividad, se indujo felicidad de forma experimental a un grupo de personas del que luego se evaluó su rendimiento, y se llegó a la conclusión de que los adul tos y los niños en quienes se genera buen humor eligen objetivos más elevados, rinden mejor y son más perseverantes en distintas tareas de laboratorio, como resolver anagramas.
Cuando a las personas felices les ocurren cosas malas
La ventaja más clara que poseen las personas felices para desarrollar recursos físicos es su capacidad de enfrentarse a los acontecimientos adversos. ¿Cuánto tiempo es capaz un individuo de sumergir la mano en un cubo de agua helada? La duración media del lapso previo a que se produzca un dolor excesivo se sitúa entre los sesenta y los noventa segundos.
Rick Snyder, profesor de Kansas y uno de los padres de la Psicología Positiva, utilizó esta prueba en el programa de televisión Good Morning America para demostrar los efectos de la emoción positiva a la hora de afrontar la adversidad.
Suministró un test de emoción positiva a los presentadores habituales, en el que una persona llamada Charles Gibson superó a los demás por un considerable margen. Luego, en directo ante las cámaras, cada uno de ellos introdujo una mano en agua helada. Todos la apartaron rápidamente antes de transcurridos noventa segundos, excepto Gibson, que se quedó allí sonriendo —no haciendo una mueca— y cuando hubo que realizar la pausa publicitaria todavía tenía la mano en el cubo.
Cuando se halla amenazada, la gente feliz no sólo soporta mejor el dolor y torna más precauciones relacionadas con la salud y la seguridad, sino que sus emociones positivas anulan a las negativas.
Barbara Fredrickson enseñó a unos estudiantes una escena de la película de The Ledge, en la que un hombre avanza lentamente por la cornisa de un rascacielos, pegado a las paredes. En un momento dado el sujeto se suelta y queda colgando sobre el tráfico que discurre abajo. Ante este hecho, el ritmo cardiaco de los alumnos aumentó hasta límites insospechados.
Justo después de este vídeo se mostraron a los estudiantes otros cuatro fragmentos de película: «olas», que genera satisfacción; «cachorro», que provoca diversión; «palos», que no produce ninguna emoción; y «llanto», que induce tristeza.
Tanto los fragmentos «cachorro» con «olas» redujeron el ritmo cardiaco, mientras que «llanto» hizo que el mismo, ya de por sí elevado, se incrementara todavía más.
FELICIDAD Y VICTORIA-VICTORIA: REPLANTEAMIENTO DE LA EVOLUCIÓN
La teoría de Barbara Fredrickson y todos los estudios mencionados me convencieron plenamente de que valía la pena que me esforzara en poner más emoción positiva en mi vida.
Al igual que muchos compañeros que ocupan la mitad fría en la distribución de la positividad, me consolé sin problemas con la excusa de que no era importante cómo me sentía, porque lo que yo en realidad valoraba era interactuar de forma satisfactoria con el mundo.
Pero sentir emociones positivas es importante, no sólo porque resulta agradable por derecho propio, sino porque genera una mejor relación con el mundo.
Si desarrollamos más emotividad positiva en nuestra vida, desarrollamos amistad, amor, una mejor salud física y mayores logros. La teoría de Fredrickson también responde a las preguntas: ¿por qué sientan bien las emociones positivas? ¿Por qué sentimos, a secas?
La ampliación y el desarrollo positivo son las características básicas de un encuentro de victoria-victoria.
Lo ideal sería que el hecho de leer este artículo fuera un ejemplo de una relación de este tipo: si he hecho bien mi trabajo, he crecido intelectualmente al escribirlo, y lo mismo le ocurrirá al lector cuando recorra estas páginas.
Estar enamorado, entablar una amistad y educar a los hijos redundan casi siempre en un importante beneficio mutuo. Casi todos los avances tecnológicos (como por ejemplo la invención de la imprenta) constituyen una interacción de victoria—victoria. La imprenta no restó un valor económico equivalente a otra actividad, sino que generó un notable incremento de valor.
Aquí radica la causa que con mayor probabilidad pueda servir de explicación a la existencia de los sentimientos. Los sentimientos negativos configuran un sistema sensorial del tipo “aquí hay dragones” que dispara una alarma y nos dice inequívocamente que nos encontramos ante una situación de victoria—derrota. Los sentimientos positivos también constituyen un sistema sensorial.
Sentimiento positivo es un neón que dice: “Aquí hay crecimiento”, y nos advierte de la posibilidad de un encuentro victoria—victoria.
Activando un talante expansivo, tolerante y creativo, los sentimientos positivos maximizan los beneficios sociales, intelectuales y físicos que se van acumulando.
Martin Seligman
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Inteligencia Emocional,
Sobre el éxito
9/2/10
El cuadro tradicional del éxito (I)
El problema para la mayoría de las personas que quieren ser exitosas no es que no puedan alcanzar el éxito. El principal obstáculo es que lo entienden mal.
Maltbie D. Babcock dijo: «Uno de los errores más comunes, y el más costoso, es pensar que el éxito se debe a algún genio, a algo mágico o alguna otra cosa que no poseemos».
¿Qué es el éxito? ¿Cómo es? La mayoría tiene un cuadro vago de lo que significa ser una persona de éxito y se parece a algo como esto:
La riqueza de Bill Gates,
el físico de Arnold Schwarzenegger,
(o de Cindy Crawford),
la inteligencia de Albert Einstein,
la habilidad deportiva de Michael Jordan,
las proezas comerciales de Donald Trump,
la gracia y presencia social de Jackie Kennedy,
la imaginación de Walt Disney y
el corazón de la madre Teresa.
Eso suena absurdo, pero está más cerca de la verdad de lo que nos gustaría admitir. Muchos de nosotros visualiza el éxito con parecerse a otra persona. Pero es obvio que usted y yo no podemos ser algo distinto de lo que somos, y especialmente no podemos ser ocho personas. Más importante que esto: no debe desear tal cosa. Si trata de ser como una de esas personas, usted no tendría éxito. Sería una mala imitación de ellos, y eliminaría la posibilidad de ser la persona que usted debe ser.
CUADRO ERRÓNEO DEL ÉXITO
Aun si evita la trampa de pensar que el éxito consiste en ser como otra persona, todavía podría tener un concepto erróneo de lo que es. Francamente, la mayoría de las personas lo malinterpreta. Lo identifican -por error- con algún logro, con alcanzar una meta o cumplir un objetivo.
A continuación enumero los conceptos erróneos más comunes acerca del éxito:
RIQUEZA
Posiblemente, el malentendido más común sobre el éxito es pensar que es lo mismo que tener dinero. Muchas personas creen que si acumulan riquezas, serán exitosos. Pero la riqueza no produce satisfacción ni éxito.
Al empresario John D. Rockefeller, un hombre tan rico que regaló más de 350 millones de dólares durante su vida, se le preguntó una vez cuánto dinero necesitaría para quedar satisfecho. Su respuesta: «Sólo un poco más».
El rey Salomón, del antiguo Israel, de quien no solo se dice fue el hombre más sabio sino también el hombre más rico que haya existido, afirma: «Quien ama el dinero, de dinero no se sacia.Quien ama las riquezas nunca tiene suficiente».
En el mejor de los casos, la riqueza y lo que esta trae, son cosas fugaces. Por ejemplo, en 1923, un pequeño grupo de los hombres más ricos del mundo se reunieron en el Hotel Edgewater Beach de Chicago, Illinois. Eran la elite de la riqueza y del poder. En aquel tiempo, ellos controlaban más dinero que la cantidad total existente en el Tesoro de los Estados Unidos. Esta es una lista de los que estuvieron allí y lo que a la larga les ocurrió:
• Albert Schwab, presidente de la industria independiente de acero más importante: murió en la bancarrota.
• Arthur Cutten, el más grande de los especuladores de trigo: murió insolvente en el extranjero.
• Richard Witney, presidente de la Bolsa de Valores de Nueva York: murió poco después de ser puesto en libertad de la prisión de Sing Sing.
• Albert Fall, miembro del gabinete de un presidente de los Estados Unidos: se le indultó de la prisión para que muriera en su hogar.
• Jess Livermore, el «oso» más grande de Wall Street: se suicidó.
• Leon Fraser, presidente del Bank of International Settlements: se suicidó.
• Ivar Kreuger, jefe del monopolio más grande del mundo: se suicidó.
Maltbie D. Babcock dijo: «Uno de los errores más comunes, y el más costoso, es pensar que el éxito se debe a algún genio, a algo mágico o alguna otra cosa que no poseemos».
¿Qué es el éxito? ¿Cómo es? La mayoría tiene un cuadro vago de lo que significa ser una persona de éxito y se parece a algo como esto:
La riqueza de Bill Gates,
el físico de Arnold Schwarzenegger,
(o de Cindy Crawford),
la inteligencia de Albert Einstein,
la habilidad deportiva de Michael Jordan,
las proezas comerciales de Donald Trump,
la gracia y presencia social de Jackie Kennedy,
la imaginación de Walt Disney y
el corazón de la madre Teresa.
Eso suena absurdo, pero está más cerca de la verdad de lo que nos gustaría admitir. Muchos de nosotros visualiza el éxito con parecerse a otra persona. Pero es obvio que usted y yo no podemos ser algo distinto de lo que somos, y especialmente no podemos ser ocho personas. Más importante que esto: no debe desear tal cosa. Si trata de ser como una de esas personas, usted no tendría éxito. Sería una mala imitación de ellos, y eliminaría la posibilidad de ser la persona que usted debe ser.
CUADRO ERRÓNEO DEL ÉXITO
Aun si evita la trampa de pensar que el éxito consiste en ser como otra persona, todavía podría tener un concepto erróneo de lo que es. Francamente, la mayoría de las personas lo malinterpreta. Lo identifican -por error- con algún logro, con alcanzar una meta o cumplir un objetivo.
A continuación enumero los conceptos erróneos más comunes acerca del éxito:
RIQUEZA
Posiblemente, el malentendido más común sobre el éxito es pensar que es lo mismo que tener dinero. Muchas personas creen que si acumulan riquezas, serán exitosos. Pero la riqueza no produce satisfacción ni éxito.
Al empresario John D. Rockefeller, un hombre tan rico que regaló más de 350 millones de dólares durante su vida, se le preguntó una vez cuánto dinero necesitaría para quedar satisfecho. Su respuesta: «Sólo un poco más».
El rey Salomón, del antiguo Israel, de quien no solo se dice fue el hombre más sabio sino también el hombre más rico que haya existido, afirma: «Quien ama el dinero, de dinero no se sacia.Quien ama las riquezas nunca tiene suficiente».
En el mejor de los casos, la riqueza y lo que esta trae, son cosas fugaces. Por ejemplo, en 1923, un pequeño grupo de los hombres más ricos del mundo se reunieron en el Hotel Edgewater Beach de Chicago, Illinois. Eran la elite de la riqueza y del poder. En aquel tiempo, ellos controlaban más dinero que la cantidad total existente en el Tesoro de los Estados Unidos. Esta es una lista de los que estuvieron allí y lo que a la larga les ocurrió:
• Albert Schwab, presidente de la industria independiente de acero más importante: murió en la bancarrota.
• Arthur Cutten, el más grande de los especuladores de trigo: murió insolvente en el extranjero.
• Richard Witney, presidente de la Bolsa de Valores de Nueva York: murió poco después de ser puesto en libertad de la prisión de Sing Sing.
• Albert Fall, miembro del gabinete de un presidente de los Estados Unidos: se le indultó de la prisión para que muriera en su hogar.
• Jess Livermore, el «oso» más grande de Wall Street: se suicidó.
• Leon Fraser, presidente del Bank of International Settlements: se suicidó.
• Ivar Kreuger, jefe del monopolio más grande del mundo: se suicidó.
El cuadro tradicional del éxito (II)
UN SENTIMIENTO ESPECIAL
Otro concepto equivocado es que una persona ha alcanzado el éxito cuando se siente exitosa o feliz. Pero tratar de sentir el éxito es probablemente más difícil que tratar de hacerse rico.
Miremos, por ejemplo, al magnate de bienes raíces Donald Trump.
Él dijo: «La verdadera medida del éxito es cuán feliz eres. Tengo muchos amigos que no tienen mucho dinero, pero son mucho más felices que yo, de modo que puedo decir que probablemente son más exitosos».
Trump, a quien muchos consideran exitoso, cree que la felicidad es el éxito. Quizás sus felices amigos piensen que él es quien ha tenido éxito. Esta creencia demuestra que muchas personas igualan el éxito con lo que no tienen.
La búsqueda continua de la felicidad es una de las principales razones por la que muchas personas se sienten miserables. Si haces de la felicidad tu meta, estás destinado a un fracaso seguro. Estarás continuamente en una montaña rusa, y pasarás del éxito al fracaso con cada cambio de humor. La vida es incierta y las emociones inestables. No se puede descansar en la felicidad como la medida del éxito.
POSESIONES ESPECÍFICAS Y VALIOSAS
Piense en el pasado, en su niñez. Es posible que haya habido momentos en los que deseó algo con todo el corazón, y creyó que si lo obtenía, esto haría una diferencia importante en su vida. Para mí, fue una bicicleta Schwinn color vino tinto y plateada. Cuando tenía nueve años, lo que estaba de moda en el vecindario era hacer carreras en bicicleta. Teníamos carreras cortas para decidir quien era el más veloz y hacíamos rampas de madera para ver quién saltaba más lejos. Algunos sábados hacíamos un mapa con una ruta a campo traviesa que nos llevaba a recorrer media ciudad de ida y vuelta. ¡Qué bien la pasábamos con nuestras bicicletas!
En aquel tiempo, corría una bicicleta vieja que había sido de mi hermano Larry, y tenía problemas para mantenerme en línea con algunos de los niños que tenían bicicletas más nuevas. Imaginaba que si tenía esa bicicleta Schwinn nueva, podría estar entre los mejores. Tendría la bicicleta más nueva, más rápida y más linda de todos mis amigos, y los haría tragar el polvo que levantaría.
En la mañana de Navidad de ese año, cuando fui a mirar lo que había en el árbol, tuve una visión de lo que debía ser una bicicleta. Eso era antes, cuando las bicicletas eran bicicletas. Eran sólidas como tanques. Y la mía tenía todo lo que pudiera desear: faldones en los tapabarros, cromo, campanillas, luces: una joya. Por un tiempo estuve feliz. Amé esa bicicleta y pasé largas horas corriéndola. Pero pronto descubrí que no me dio el éxito ni la satisfacción que había deseado y esperado.
Ese proceso se ha repetido muchas veces en mi vida. Descubrí que el éxito no llegó cuando fui titular del equipo de baloncesto del colegio, ni cuando fui presidente del centro de estudiantes de la universidad, ni cuando compré mi primera casa. Nunca ha llegado como resultado de poseer algo que deseé. En el mejor de los casos, las posesiones son un activo temporal. El éxito no se alcanza ni se mide de esa manera.
EL PODER
Charles McElroy bromeó en una ocasión: «El poder es usualmente reconocido como un excelente antidepresivo de corta duración». Esa afirmación contiene una gran dosis de verdad, pues el poder suele dar la apariencia de éxito, pero aún así, es solo transitoria.
Quizás haya escuchado antes la cita del historiador inglés Lord Acton: «El poder tiende a corromper; el poder absoluto corrompe absolutamente».
Abraham Lincoln hizo eco de esa creencia cuando dijo: «Casi todo hombre puede resistir la adversidad, pero si quieres probar el carácter de un hombre, dale poder». El poder es realmente una prueba de carácter. En manos de una persona íntegra, es un gran beneficio; en manos de un tirano, causa una terrible destrucción. En sí mismo, el poder no es positivo ni negativo. No es fuente de seguridad ni de éxito. Además, todos los dictadores -aun los benevolentes- eventualmente pierden el poder.
LOGRO
Muchos tienen lo que llamo la «enfermedad del destino». Creen que si llegan a alguna parte-obtienen una posición, alcanzan una meta o tienen una relación con la persona adecuada-serán exitosos. En algún momento, tuve una opinión similar del éxito. Lo definía como el logro de una meta predeterminada que valía la pena. Pero con el paso del tiempo comprendí que esa definición se quedaba corta.
No hay dos personas que tengan el mismo cuadro de lo que es el éxito
El simple hecho de alcanzar unas metas no garantiza el éxito ni la satisfacción. Mire lo que ocurrió con Michael Jordan. Hace unos años atrás, decidió retirarse del baloncesto, diciendo que había logrado todas las metas que se había propuesto. Entonces se fue a jugar béisbol en las ligas menores, pero no por mucho tiempo. No podía estar alejado del baloncesto. Jugar el juego, estar en medio de la acción, era lo importante. ¿Puede verlo? El éxito no es una lista de metas que se van tachando una tras otra. No es llegar a un destino. El éxito es un viaje.
Vincent M. Roazzi
25/1/10
Las 7 Ss de la Persona Competitiva y Feliz
Saludable: Cuida su salud, se ejercita y alimenta adecuadamente para contar con la energía requerida en su trabajo intelectual, emocional y físico. Realiza un chequeo médico frecuente para prevenir y atender cualquier potencial afección. Está lleno de vitalidad y contagia energía.
Sereno: Gerencia las respuestas emocionales que generan sus sentimientos y estados de animo, es firme cuando ha de serlo, pero emplea auto – control, paciencia y tacto en su actuar. Evita que su amígdala cerebelosa produzca arranques de ira que afecten sus relaciones humanas. Disfruta de la tranquilidad y domina técnicas de auto – relajación.
Sincero: Actúa en sus conversaciones y acciones basado en la ética, honestidad y justicia. Es abierto para expresar sus puntos de vista, empleando su verdad asertiva y respetuosamente, con franqueza y firmeza pero con consideración.
Sencillo: Se maneja en sus relaciones personales y profesionales con humildad y simplicidad, no deja de conocer su valor y sus logros, pero reconoce que puede aprender de todo ser humano y que sus éxitos se los debe a otras personas. Evita la pompa y los lujos excesivos, pues sabe darle el justo valor a lo material, dentro de un clima de abundancia y prosperidad.
Simpático: Es cortés, amable, educado en su hablar, evita los vicios comunicacionales del cinismo, sarcasmo, burla, humillación, discriminación, generalización y juicios sin sustentación. Busca ser asertivo, pero considerado y respetuoso del clima de sus conversaciones, fluyendo con buen humor, alegría y disfrute en su interacción humana.
Servicial: Emplea el poder de la retribución y del servicio para llegar dentro de las necesidades de otros, haciéndose cargo de las inquietudes de quienes le rodean en su familia, trabajo y vencidad. Sabe que a través del servicio logra una elevación espiritual que le beneficia en otros ámbitos de su vida, por lo que ve al servicio como algo honroso y valioso para su vida y la de los demás.
Sinérgico: Coopera y crea climas de cooperación y ayuda mutua en sus equipos de trabajo, tanto en la familia, el gremio o la empresa. Se maneja a si mismo como una parte clave de un equipo y no como una pieza indispensable. Esto le hace tomar consciencia de la importancia de la coordinación, el apoyo, al humildad para aprender, la visión común, la creatividad y la libertad para generar impecabilidad en las acciones que toman los diferentes equipos humanos a los que pertenece.
La competitividad de una persona, depende de su equilibrio intelectual – lingüístico, emocional y corporal, de manera que el desarrollo de estas 7 s pueden contribuir a elevar los niveles de perfección en nuestros procesos diarios, ayudándonos a vivir la vida que merecemos y deseamos.
Esperamos que nos sirva para inspirar la continuación o inicio de caminos de mejoramiento y transformación. No importa cuan viejos y expertos seamos, no importa cuan bien formados académicamente nos sintamos, siempre hay un camino para mejorar, para re – evaluar, para re – iniciar, para re – direccionar nuestra misión de vida y nuestros valores dentro de nuestra familia, nuestra profesión y nuestra sociedad.
(Fuente: www.monografias.com)
18/1/10
Preguntando se abrió camino al éxito en sólo tres meses
Uno de los libros de métodos para adelgazar más vendidos que se hayan publicado fue "Thin Thighs in 30 Days" ("Muslos Delgados en Treinta Días").
Pero, lo más interesante, es la forma como se desarrolló el proyecto, sólo con base en la retroalimentación.
Su autora, Wendy Stehling, trabajaba en una agencia de publicidad, pero detestaba su trabajo. Quería establecer su propia agencia pero no tenia dinero para hacerlo. Sabía que necesitaría unos $100,000, entonces comenzó a preguntar: “¿cuál es la forma más rápida de obtener $ 100,000?”
La retroalimentación le indicó: venda un libro.
Decidió escribir un libro del que pudiera vender 100,000 copias en noventa días y obtener una ganancia de un dólar por libro, así obtendría los $100,000 que necesitaba.
Pero... ¿qué tipo de libro podría interesar a 100,000 personas?
“Bien, ¿cuáles son los libros que más se venden en los Estados Unidos?,” preguntó.
Los de métodos para perder peso, fue la respuesta que obtuvo de la retroalimentación.
“Está bien pero ¿cómo podría convertirme en experta en ese tema?,” preguntó.
Pregunte a otras mujeres, fue la respuesta de la retroalimentación.
Salió entonces al mercado y preguntó: “¿Si pudiera perder peso en sólo una parte de su cuerpo, qué parte elegiría?” Una abrumadora mayoría de mujeres respondió: los muslos.
"¿En qué época del año le gustaría perder ese peso?”, preguntó. Entre abril y mayo, en la temporada de los trajes de baño, fue la retroalimentación que obtuvo.
¿Qué hizo entonces? Escribió un libro titulado "Thin Thighs 30 Days" ("Muslos Delgados en Treinta Días"), que salió al mercado el 15 de abril.
Para junio, ya había vendido las 100,000 copias, todo porque preguntó al mercado lo que deseaba y respondió a la retroalimentación que obtuvo.
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Casos y Estudios Interesantes,
Sobre el éxito
14/12/09
¡PREGUNTE, Y TRIUNFARÁ!
Hay un dicho: “El mundo pertenece a quienes averiguan”. Bien, averiguar no basta, ¡pero ése es el modo de empezar!
Si puede averiguar lo que está mal, y luego averiguar como remediarlo, está a mitad de camino.
Cuando USA lo que averiguó para reparar realmente lo que está mal, ¡está plenamente encaminado!
Si usted hace una carrera en eso de averiguar lo que está mal, averiguando cómo repararlo, y luego reparándolo realmente, ¡usted será más rico más rápidamente!
Si usted hace una carrera con eso de averiguar lo que la gente quiere, o querrá, o puede ser persuadida para que lo quiera, y averiguando cómo procurárselo, luego se lo procura con un justo beneficio, ¡usted será más rico más rápidamente!
Los ejemplos podrían seguir indefinidamente pero la lección ya es clara: “¡Primero, usted tiene que AVERIGUAR!”.
A menudo se ha dicho: “El poco conocimiento es cosa peligrosa”.
Así es. Y quiero añadir: “¡Demasiado poco conocimiento conduce al desastre!”
En consecuencia, este capítulo-lección es sobre el método comprobado de AVERIGUAR.
Hay un solo modo de averiguar y es PREGUNTAR:
1. Usted podrá preguntar a la gente, o
2. Podrá preguntar a los libros.
Usted tiene que preguntar, debe preguntar a ambos.
Ahora le está preguntando a este artículo cuáles son algunos de los mil métodos comprobados para triunfar que le capacitarán para ser más rico más rápidamente. Supondremos, pues, que usted sabe cómo AVERIGUAR preguntándole a los artículos o a los libros. Ahora lo está haciendo.
Enfoquemos, pues, cómo podrá usted AVERIGUAR preguntando a la gente.
El método es sencillo: simplemente PREGUNTE.
Si PREGUNTA con cortesía y expectativa, la mayoría de la gente le daré la información que quiere. Es positivamente notable cuánta información valiosa y útil podrá usted obtener sólo PREGUNTANDO.
Esto parece tan elemental que tal vez se asombre de por qué debo mencionar esto. La razón es que pocas personas hacen pleno uso del PREGUNTAR, y la mayoría raras veces usan el método comprobado de PREGUNTAR.
Escuche cualquier conversación —y recuerde las suyas—— y descubrirá que ellas, en todos los niveles, consisten casi enteramente en personas que formulan declaraciones.
Sin embargo, cuando usted formula una declaración ¡no aprende nada! Habitualmente, vio realiza nada tampoco!
Ensaye esto:
Vea cuántas preguntas interesantes podrá formular durante cada conversación en una semana entera, empezando ahora.
¡Trate incluso que su participación en una conversación consista total (o casi totalmente) en su formulación de preguntas! Esto es un desafío real, y tiene una finalidad importante. Pronto le enseñará el valioso arte de formular preguntas.
También le enseñará a estimular a la persona o personas con las que está hablando, en vez de sólo semiescuchar lo que dicen porque usted ya está pensando en lo que quiere decir a continuación.
En las conversaciones sociales. usted sólo necesita formular las preguntas más simples:
“¿Qué hizo después?”
“Entonces, ¿qué ocurrió?”
“ ¿Qué piensa sobre. . .
“ ¿Cuál cree que sería el mejor modo de hacerlo?”
“ ¿Cuál es su idea respecto a...
Podría usted preparar una lista de cien preguntas semejantes. Sería útil si lo hiciera por práctica y por la lista misma que debería ser repasada ocasionalmente como un recordatorio.
Usando el arte de formular preguntas como la parte principal de sus conversaciones sociales, usted ganará rápidamente la reputación de ser el conversador más Interesante y estimulante de la ciudad.
¡Pero eso es sólo el comienzo!
Cuando domine al arte de formular preguntas —y las use con finalidad en los negocios— usted podrá realizar dos va liosos objetivos:
1. AVERIGUARÁ cuanto necesita saber.
2. Controlará toda entrevista porque ésta consistirá en responder a sus preguntas (y usted controlará las preguntas).
¡PREGUNTANDO usted podrá preparar su camino hacia el triunfo!
Uno de mis libros de métodos comprobados para triunfar, “EL TRIUNFO DE LA VOLUNTAD. . . “, tiene toda una parte sobre los métodos positivos de’ PREGUNTAR. He aquí una de las muchas sugerencias de ese libro:
PIDA las opiniones expertas sobre sus planes o problemas. Pida a los peritos sus opiniones críticas. (La mayoría pide opiniones cuando en realidad quiere halagos.) ¡Pula sus planes con ideas de los peritos!
Estará agradablemente sorprendido por la voluntad de la mayoría de los expertos en darle gratuitamente una información valiosa, cuando se las piden bajo las siguientes condiciones:
a) Si el pedido no es evidentemente un intento de obtener un consejo profesional gratuito por el que el experto recibe normalmente grandes retribuciones.
b) Si el consejo solicitado puede darse espontáneamente sin una investigación que consuma tiempo.
Aprenda y use métodos positivos sobre PEDIR y se convertirá en un perito en ser más rico más rápidamente.
M. R. Kopmeyer
8/12/09
Fracase para avanzar
"Nadie ha llegado a ser excelente o bueno, excepto a través de muchos y grandes errores".
WILLIAM E. GLADSTONE, (Ex primer ministro de Gran Bretaña)
El consultor de negocios Marshall Thurber sostiene que: “cualquier cosa que valga la pena hacer bien, vale la pena hacerla mal al comienzo.”
¿Recuerda cuando aprendió a conducir un automóvil, a montar en bicicleta, a interpretar un instrumento musical, o a practicar un deporte?
Desde el principio sabía que al comienzo le iba a costar mucho trabajo. Supuso que su ineptitud era sólo parte de lo que se necesitaba para aprender la nueva habilidad que deseaba adquirir.
Muchas personas se abstienen de actuar por miedo al fracaso. Quienes logran el éxito, por otra parte, se dan cuenta de que el fracaso es parte importante del proceso de aprendizaje. Saben que el fracaso es sólo una forma de aprender por el sistema de prueba y error.
No sólo hay que dejar de temerle al fracaso sino que hay que estar dispuestos a fracasar, inclusive ansiosos de fracasar. Éste fracaso instructivo es lo que llamo “el fracaso que nos hace avanzar.”
Comience, equivóquese, preste atención a la retroalimentación, corrija y siga delante tras su meta. Cada experiencia le brindará información más útil que podrá poner en práctica la próxima vez.
Este principio tal vez se demuestre de forma más convincente en el campo de la iniciación de nuevos negocios.
Por ejemplo, los capitalistas de riesgo saben que la mayoría de los negocios fracasan. Pero en la industria de capital de riesgo, se empieza a ver una nueva estadística.
Si el empresario fundador tiene cincuenta y cinco años o más, el negocio tiene una probabilidad de 73 por ciento o más de sobrevivir.
Estos empresarios mayores ya han aprendido de sus errores. Tienen una mejor tasa de riesgo porque, después de toda una vida de estar aprendiendo de sus errores, han desarrollado una base de con un conjunto de destrezas y una confianza en sí mismos que les permiten superar los obstáculos para alcanzar el éxito.
Jack Canfield
3/12/09
Experanza y Éxito
La esperanza es la materia prima con la que se construye el éxito. Se materializa en la fe, la fe en determinación y la determinación en acción. Surge principalmente de su imaginación, de sus sueños con un mundo mejor, una vida mejor, un futuro mejor.
Si hay esperanza, podrá elegir una meta definida en la vida y hacerla realidad. Hace años, por ejemplo, James Hill, personaje importante de los ferrocarriles, era un simple empleado en una oficina de telégrafos que transmitía un mensaje de una mujer a una amiga que había perdido a su esposo. Se inspiro en lo que había leído en el mensaje: "Que la esperanza de reunirte con tu esposo en un mundo mejor mitigue tu dolor."
La palabra esperanza se le quedó grabada. Empezó a pensar en los poderes y las posibilidades de la esperanza. Eso lo llevo a soñar con construir un algún día una nueva red ferroviaria hacia el oeste. El sueño se convirtió en un firme propósito, que llevó a cabo. El sueño del empleado de telégrafos, inspirado en una simple palabra, se convirtió en la Great Northern Railway.
Hill hizo posible que mucha otra gente se convirtiera en multimillonaria porque sabia que el éxito de su red dependía de las fortunas de sus clientes. Persuadió a granjeros, mineros y madereros para que se trasladaran al oeste y transportaran sus mercancías en su Great Northern Railway. Construyo un imperio que abarcaba desde Canadá hasta Missouri y desde los Great Lakes hasta Purget Sound. Nunca extendió su red de ferrocarriles al este.
Por su parte, Manuel Quezón se atrevió a soñar y desear un gobierno independiente para sus queridas islas Filipinas. Incluso llegó a tener la esperanza de que algún día llegaría a ser presidente de una república libre. Su esperanza se convirtió en una fe ciega que se materializó cuando hacía campaña para ser nombrado comisario residente en las islas.
Durante veinticuatro años dedicó todos sus esfuerzos a conseguir que un día su país se convirtiera en territorio independiente. Lo sé porque era amigo mío y me pedía que lo aconseje sobre cómo alcanzar sus objetivos políticos. El día que fue elegido presidente de la nueva Republica Filipina, Quezón me envió este telegrama: "Permítame darle las gracias desde el fondo de mi alma por haberme inspirado a mantener la llama de la esperanza encendida en mi corazón hasta este glorioso día."
La lección que nos enseña la historia de Quezón es que tenemos que darle rienda suelta a nuestra imaginación para que genere esperanza. Atrevernos a albergar grandes sueños. Convencernos a nosotros mismos de que nada es imposible. Como dijo Henry David Thoreau: "Si has construido castillos en el aire no has trabajado en vano, es solo el comienzo. Ahora pon los cimientos que lo sostendrán."
Defina su meta con la ayuda de la esperanza y la fe.
Escríbala.
Memorícela.
Conviértala en la estrella que guiara sus pasos hacia el éxito.
Luego actúe para que se haga realidad.
Si no pierde de vista su estrella, le será mucho más fácil perseguir su meta. Podrá darse cuenta de que acciones le conducirán a ella sin demora y cual harán su camino mas largo. Si no tiene la mirada puesta en su estrella, tomara muchas sendas equivocadas antes de llegar a su destino final.
Nunca olvide que todos los sueños nacen de la esperanza.
Todas las historias de éxito con un final feliz empiezan así:
"Érase una vez un hombre o una mujer que soñaba con..."
La suya también debe empezar así.
John C. Maxwell
30/11/09
Cinco pasos para hacer realidad los propósitos
El primer paso es formarse una clara imagen mental del resultado.
Por ejemplo, si se tratara de perder peso, deberías visualizarte cada mañana, recién levantado, como una persona delgada, en forma, llena de vitalidad y energía. Cuanto más clara fuese la imagen mental, más efectivo sería el proceso. La mente es una verdadera mina de poder y que este simple imaginar tu objetivo abrirá las puertas para la consecución de tu deseo.
El segundo paso consiste en someterse a sí mismo a presiones positivas.
La razón principal de que la gente no persevere en las cosas que se propone es que es muy fácil caer en los viejos hábitos. La presión no es siempre algo malo. Puede inspirarte para alcanzar grandes cosas. La gente suele conseguir cosas importantes cuando está entre la espada y la pared y se la obliga a echar mano del potencial que lleva en su interior.
¿Cómo puedo yo crear esa presión positiva?, Hay muchas maneras. Una de las mejores es el compromiso público. Di a todo el mundo que sabes que vas a perder esos kilos de más o escribir esa novela o cualquier otro objetivo que te hayas marcado. Una vez hagas pública tu meta, verás que la presión te estimula a trabajar en la dirección fijada, pues a nadie le gusta parecer un fracasado.
El tercer paso es muy simple: nunca te marques una meta sin fijar un plazo.
Las metas pueden ser a corto, mediano o largo plazo, las fechas pueden ser flexibles (tener un rango) pero sin establecer fechas la mente no alcanzará nunca el máximo potencial para lograr los propósitos.
El cuarto paso es anotar los objetivos.
Comprate un diario o un cuaderno, te bastará con una libreta de espiral. Bautízalo “cuaderno de sueños” y anota en él todos tus deseos, objetivos y sueños. Es una forma de conocerte a ti mismo.
La mayoría de la gente no se conoce. No se han tomado el tiempo de analizar sus flaquezas y sus puntos fuertes, sus esperanzas y sus sueños. Según los chinos, tres son los espejos que forman la imagen de una persona: el primero es como se ve uno mismo, el segundo como te ven los otros, y el tercero refleja la verdad. Conócete a ti mismo.
Divide el cuaderno en secciones independientes según las distintas áreas de tu vida. Por ejemplo, podrías tener secciones para anotar objetivos en materia de puesta a punto, objetivos financieros, objetivos sociales y de relación y, tal vez lo más importante, objetivos espirituales.
Otra técnica muy efectiva es incluir en el cuaderno imágenes de las cosas que deseas e imágenes de personas que hayan cultivado los talentos y habilidades que tú esperas emular.
La mayoría de la gente hace lo mismo cuando se despierta, sin pensarlo: abrir los ojos, bajar de la cama, ir al baño y cepillarse los dientes. Por lo tanto, dedicarte durante veintiún días al mismo objetivo y realizar esa misma actividad a la misma hora hará que se convierta en un hábito.
El quinto paso, es disfrutar del proceso
El último paso es aplicable en la medida en que avanzas por el sendero de tu vida. Debes disfrutar del proceso. Debes asegurarte de pasarlo bien mientras avanzas por el camino de tus objetivos. Nunca olvides la importancia de vivir con júbilo desbordante. Nunca descuides la exquisita belleza que hay en todas las cosas vivas.
19/11/09
Éxito, fracaso y propósito
‘El hecho es que allí donde miles han triunfado, millones han fracasado’.
¿Constituye esta afirmación un hecho real?
En verdad que no.
Podemos decir que, literalmente, millones de personas logran lo que se proponen en casi el ciento por ciento de los casos.
¿Y qué se proponen?
Se proponen evitar todo esfuerzo.
Se proponen eludir toda responsabilidad.
Se proponen simplemente vegetar.
Se proponen evitar los esfuerzos concertados con sus compañeros de labor.
Se proponen liberarse de trabajar con ahínco fuera del horario normal; lo cual, sin embargo, es de manifiesta utilidad para el éxito futuro.
Se proponen simplemente un mediocre bienestar.
Se proponen cesar de luchar y lo hacen. Se rinden.
Y todo lo que se proponen de este modo, lo consiguen.
Luis Alberto Machado
Entusiasmo más acción, igual a éxito
Piense en un automóvil último modelo, estupendo. Es muy caro, 100.000 de dólares. De diseño clásico. De primera categoría. Una obra de ingeniería de categoría mundial. Dotado de una preciosa tapicería hecha a mano, así como de un motor también fabricado a mano.
Pero se presenta un problema. El coche no arranca. ¿Por qué? Porque no se ha instalado en él el sistema de encendido. Para un caso de emergencia, como tener que llevar a alguien al hospital, a toda velocidad, ese coche de 100.000 de dólares no es más que un montón de chatarra.
Ahora piense en alguien a quien conozca que ha tenido todas las facilidades en la vida. Cuando llega a la edad adulta, esa persona ha resultado «cara». Se han gastado miles y miles de dólares en alimentarle, vestirle, educarle y disponer de todo lo necesario para que se prepare para una carrera. El «diseño» de esa persona es estupendo, tiene una procedencia genética excelente, un aspecto majestuoso y buena salud. La «ingeniería» ha sido de primera categoría; ha ido a los mejores colegios y universidades y está ataviada con la mejor ropa.
Recuerde:
Los seres humanos nacen con un sistema de encendido psicológico. Este sentido tiene un nombre: entusiasmo.
El entusiasmo es algo completamente invisible e intangible. Y, sin embargo, sus resultados pueden verse a diario. Cuando usted ve a un atleta batir un «récord», está viendo entusiasmo puesto en acción. Una familia con poco dinero, que hace un esfuerzo para que sus hijos obtengan una buena formación, un vendedor que obtiene los máximos resultados, una persona que pide un trabajo y lo consigue, una persona «normal» que llega a millonario, un individuo con la habilidad de hacer cambiar la opinión de la gente, una pareja que consigue que su matrimonio funcione de maravilla; todas estas personas tienen un gran entusiasmo.
Como ve, el entusiasmo es la adrenalina psicológica que hace que su mente, cuerpo y voluntad trabajen para asegurarle la victoria, a pesar de lo duro que ésta resulte, dadas la competencia, las limitaciones económicas y otros muchos inconvenientes.
Todo el mundo nace con entusiasmo. Lo primero que hace un recién nacido es gritar con enorme entusiasmo. Si una persona adulta diera un grito de intensidad tantas veces mayor, cuanto mayor es su peso, el sonido se oiría a una milla de distancia.
Pero pronto ese espíritu lleno de corazón y honestidad se va desinflando. La gente empieza a manipular el sistema de encendido psicológico del jovencito. Y el niño empieza a oír frases como «no lo hagas», «deja de hacer eso», «no deberías», «ya deberías saber», «eres tonto», «¿es que no puedes hacer nada bien?» y otro tipo de indicaciones que solamente le hacen perder su entusiasmo.
Las palabras de encomio, ánimo o alabanza son infrecuentes. Con el paso del tiempo, el chico o la chica encuentran su seguridad a base de no proyectar hacia el exterior su verdadera personalidad. El entusiasmo con el que nacieron es reemplazado por el conformismo. Y dado que el conformismo es simplemente anodino, falto de entusiasmo y vulgar, la mayor parte de la gente, cuando llega a la edad adulta, ha perdido sus ansias de llevar una vida interesante, positiva y llena de alegría. Se han hecho intentos de explicar el fenómeno de la genialidad: ¿por qué hay personas que triunfan de forma anormal en la ciencia, en los negocios, las artes o la tecnología?
Una teoría, que durante muchos años tuvo gran aceptación popular, proponía la idea de que los individuos que se salen de lo común están dotados de cerebros de mayor tamaño que la gente normal. Pero algunos experimentos en los que se pensó, de hecho, el cerebro de varias personas prominentes, demostraron que no había diferencias con respecto al peso medio de las personas más comunes.
A menudo se ha considerado que una mejor educación podría explicar la diferencia. Sin embargo, ni Einsten, que revolucionó la forma de pensar en la física, ni Von Braun, que fue el pionero en la exploración espacial, obtuvieron título de doctor. Muchos de nuestros más grandes artistas, de nuestros mejores ejecutivos de negocios, empresarios, granjeros y filósofos, tienen una educación formal limitada. De hecho existe un verdadero problema en la cuestión de la educación formal. La gente se queda muy tranquila pensando que, por el mero hecho de que les den un titulo, que no es más que un pedazo de papel, tienen el éxito asegurado.
Un científico, ganador reciente del premio Nobel de Química, dijo:
«Estoy totalmente obsesionado con la química. Es mi vida. Vivo para lograr explicar la naturaleza de la materia.» Esta obsesión o entusiasmo es lo que explica su éxito.
La cantidad de entusiasmo que tenemos, en potencia, todos nosotros, es ilimitada. Todos tenemos la posibilidad de hacer uso de la cantidad de entusiasmo que queramos. Si nos entregamos con poca fuerza, el resultado que obtendremos será pequeño. Pero si ponemos mucha energía en lo que hagamos, lograremos grandes éxitos. Uno consigue lo que quiere en proporción directa al entusiasmo que se pone en lo que se hace. Un gran éxito siempre está acompañado por un gran entusiasmo. Por el contrario, los fracasos siempre suelen estar unidos a la falta de entusiasmo.
Kenneth Blanchard
Pero se presenta un problema. El coche no arranca. ¿Por qué? Porque no se ha instalado en él el sistema de encendido. Para un caso de emergencia, como tener que llevar a alguien al hospital, a toda velocidad, ese coche de 100.000 de dólares no es más que un montón de chatarra.
Ahora piense en alguien a quien conozca que ha tenido todas las facilidades en la vida. Cuando llega a la edad adulta, esa persona ha resultado «cara». Se han gastado miles y miles de dólares en alimentarle, vestirle, educarle y disponer de todo lo necesario para que se prepare para una carrera. El «diseño» de esa persona es estupendo, tiene una procedencia genética excelente, un aspecto majestuoso y buena salud. La «ingeniería» ha sido de primera categoría; ha ido a los mejores colegios y universidades y está ataviada con la mejor ropa.
Pero, como en el caso del coche, hay un problema, Johnny, sencillamente, no funciona. Su sistema de encendido psicológico falla, y no puede ponerse en marcha. En el mundo real, lleno de competitividad, los 25 millones de pesetas empleados en prepararle para el éxito se pierden irremisiblemente.
Las máquinas y los seres humanos tienen algo en común: hay que «entenderlos» para que empiecen a funcionar.
Recuerde:
Los seres humanos nacen con un sistema de encendido psicológico. Este sentido tiene un nombre: entusiasmo.
El entusiasmo es algo completamente invisible e intangible. Y, sin embargo, sus resultados pueden verse a diario. Cuando usted ve a un atleta batir un «récord», está viendo entusiasmo puesto en acción. Una familia con poco dinero, que hace un esfuerzo para que sus hijos obtengan una buena formación, un vendedor que obtiene los máximos resultados, una persona que pide un trabajo y lo consigue, una persona «normal» que llega a millonario, un individuo con la habilidad de hacer cambiar la opinión de la gente, una pareja que consigue que su matrimonio funcione de maravilla; todas estas personas tienen un gran entusiasmo.
Como ve, el entusiasmo es la adrenalina psicológica que hace que su mente, cuerpo y voluntad trabajen para asegurarle la victoria, a pesar de lo duro que ésta resulte, dadas la competencia, las limitaciones económicas y otros muchos inconvenientes.
Todo el mundo nace con entusiasmo. Lo primero que hace un recién nacido es gritar con enorme entusiasmo. Si una persona adulta diera un grito de intensidad tantas veces mayor, cuanto mayor es su peso, el sonido se oiría a una milla de distancia.
Pero pronto ese espíritu lleno de corazón y honestidad se va desinflando. La gente empieza a manipular el sistema de encendido psicológico del jovencito. Y el niño empieza a oír frases como «no lo hagas», «deja de hacer eso», «no deberías», «ya deberías saber», «eres tonto», «¿es que no puedes hacer nada bien?» y otro tipo de indicaciones que solamente le hacen perder su entusiasmo.
Las palabras de encomio, ánimo o alabanza son infrecuentes. Con el paso del tiempo, el chico o la chica encuentran su seguridad a base de no proyectar hacia el exterior su verdadera personalidad. El entusiasmo con el que nacieron es reemplazado por el conformismo. Y dado que el conformismo es simplemente anodino, falto de entusiasmo y vulgar, la mayor parte de la gente, cuando llega a la edad adulta, ha perdido sus ansias de llevar una vida interesante, positiva y llena de alegría. Se han hecho intentos de explicar el fenómeno de la genialidad: ¿por qué hay personas que triunfan de forma anormal en la ciencia, en los negocios, las artes o la tecnología?
Una teoría, que durante muchos años tuvo gran aceptación popular, proponía la idea de que los individuos que se salen de lo común están dotados de cerebros de mayor tamaño que la gente normal. Pero algunos experimentos en los que se pensó, de hecho, el cerebro de varias personas prominentes, demostraron que no había diferencias con respecto al peso medio de las personas más comunes.
A menudo se ha considerado que una mejor educación podría explicar la diferencia. Sin embargo, ni Einsten, que revolucionó la forma de pensar en la física, ni Von Braun, que fue el pionero en la exploración espacial, obtuvieron título de doctor. Muchos de nuestros más grandes artistas, de nuestros mejores ejecutivos de negocios, empresarios, granjeros y filósofos, tienen una educación formal limitada. De hecho existe un verdadero problema en la cuestión de la educación formal. La gente se queda muy tranquila pensando que, por el mero hecho de que les den un titulo, que no es más que un pedazo de papel, tienen el éxito asegurado.
Un científico, ganador reciente del premio Nobel de Química, dijo:
«Estoy totalmente obsesionado con la química. Es mi vida. Vivo para lograr explicar la naturaleza de la materia.» Esta obsesión o entusiasmo es lo que explica su éxito.
La cantidad de entusiasmo que tenemos, en potencia, todos nosotros, es ilimitada. Todos tenemos la posibilidad de hacer uso de la cantidad de entusiasmo que queramos. Si nos entregamos con poca fuerza, el resultado que obtendremos será pequeño. Pero si ponemos mucha energía en lo que hagamos, lograremos grandes éxitos. Uno consigue lo que quiere en proporción directa al entusiasmo que se pone en lo que se hace. Un gran éxito siempre está acompañado por un gran entusiasmo. Por el contrario, los fracasos siempre suelen estar unidos a la falta de entusiasmo.
Kenneth Blanchard
13/11/09
Aprender acerca de nuestras aptitudes
La experiencia contribuye a generar las diferencias sustanciales que existen en cuanto a la cantidad y la exactitud de las ideas que tenemos acerca de nuestras aptitudes. Algunos hemos pasado por la vida relativamente protegidos, sin enfrentar desafíos, de modo que las ideas que tenemos acerca de nuestras aptitudes no han sido puestas a prueba. Otros, en cambio, se han visto a menudo forzados a confrontar sus ideas con la realidad.
A veces aprendemos en forma directa por la confrontación con la naturaleza o con una tarea, generándose así un fugaz y brillante destello de autoconocimiento. Aunque el novelista John Barth afirme que “ver dentro de uno mismo implica siempre malas noticias”, considero que esto se aplica más a nuestros deseos que a nuestra real capacidad. El conocimiento de nuestras aptitudes implica casi siempre buenas noticias, ya que conduce a una acción racional.
Albert Einstein, por ejemplo, explicaba de este modo por qué había elegido la física y no la matemática como campo de estudio:
"Ello se debió, obviamente, al hecho de que en el terreno de la matemática mi intuición no era lo bastante fuerte como para diferenciar con claridad las cosas de importancia fundamental, lo realmente básico, de la erudición más o menos prescindible. En este campo (la física) pronto aprendí a distinguir aquello que podía conducir hacia lo funda mental, y a apartarme de todo lo demás, de la multitud de cosas que atiborran la mente y la distraen de lo esencial".
Algunas de las cosas que creemos acerca de nuestras aptitudes son equivocadas. Cometemos errores significativos incluso respecto de características como la inteligencia, aun cuando todo haría suponer que hemos tenido ocasión de ponerla a prueba muchas veces. Nos consideramos estúpidos, brillantes o término medio, según lo que nos dijeron nuestros padres y hermanos, según las notas que obtuvimos en la escuela, los tests de inteligencia, los éxitos en el trabajo y nuestras experiencias en la resolución de problemas. No obstante, la comparación entre las autoevaluaciones y los resultados de los tests de inteligencia revela gruesos errores de sobreestimación y subestimación.
Mihalhy Csikszentmihalyi
A veces aprendemos en forma directa por la confrontación con la naturaleza o con una tarea, generándose así un fugaz y brillante destello de autoconocimiento. Aunque el novelista John Barth afirme que “ver dentro de uno mismo implica siempre malas noticias”, considero que esto se aplica más a nuestros deseos que a nuestra real capacidad. El conocimiento de nuestras aptitudes implica casi siempre buenas noticias, ya que conduce a una acción racional.
Albert Einstein, por ejemplo, explicaba de este modo por qué había elegido la física y no la matemática como campo de estudio:
"Ello se debió, obviamente, al hecho de que en el terreno de la matemática mi intuición no era lo bastante fuerte como para diferenciar con claridad las cosas de importancia fundamental, lo realmente básico, de la erudición más o menos prescindible. En este campo (la física) pronto aprendí a distinguir aquello que podía conducir hacia lo funda mental, y a apartarme de todo lo demás, de la multitud de cosas que atiborran la mente y la distraen de lo esencial".
Algunas de las cosas que creemos acerca de nuestras aptitudes son equivocadas. Cometemos errores significativos incluso respecto de características como la inteligencia, aun cuando todo haría suponer que hemos tenido ocasión de ponerla a prueba muchas veces. Nos consideramos estúpidos, brillantes o término medio, según lo que nos dijeron nuestros padres y hermanos, según las notas que obtuvimos en la escuela, los tests de inteligencia, los éxitos en el trabajo y nuestras experiencias en la resolución de problemas. No obstante, la comparación entre las autoevaluaciones y los resultados de los tests de inteligencia revela gruesos errores de sobreestimación y subestimación.
Mihalhy Csikszentmihalyi
2/11/09
Disfrute haciendo sacrificios: son inversiones de cara al éxito (I)
En esta frase tan clarividente está contenido uno de los elementos esenciales para vivir con éxito.
En pocas palabras, no puede haber éxito sin sacrificio.
Pero ¿es malo el sacrificio? Como ocurre con muchas otras expresiones de nuestro lenguaje, la palabra «sacrificio» se malinterpreta. Para la mayoría de la gente el sacrificio consiste en privarse de tiempo libre o de dinero, en soportar situaciones duras o en hacer algo desagradable. Si bien es cierto que el sacrificio puede comportar esas cosas, la definición no es completa. La otra parte que la compone, la que casi siempre pasamos por alto es que el sacrificio supone obtener algo de mayor valor que lo que se sacrifica.
De forma que la definición completa es que el sacrificio consiste en prescindir de algo que tiene valor —sea dinero, tiempo o energía— para obtener algo de mayor valor —más cantidad de dinero, un nivel de vida superior, una educación de más calidad para los hijos o cualquier otra cosa valiosa—.
O, dicho de forma muy sencilla, el sacrificio consiste en renunciar ahora a un poco para lograr más adelante mucho.
En este sentido, sacrificarse significa invertir. Renunciamos a algo hoy, de forma que tendremos más mañana.
Permítame que le ponga el ejemplo de cómo un ejecutivo a quien conozco, Jerome W., convirtió un sacrificio en un beneficio para su esposa, sus cuatro hijos y para él mismo.
Conozco a Jerome desde que empezó a trabajar en una compañía puntera de productos domésticos, en calidad de vendedor, hace 25 años. Su éxito en la compañía fue extraordinario. Un mes después, aproximadamente, de que lo nombraran director general comí con él. Pedí a Jerome que me dijera si los sacrificios que habían hecho él, su esposa y su familia, habían valido la pena, a la vista de su triunfo profesional y sus elevadas ganancias.
Jerome pensó un rato y me dijo algo de gran profundidad: «Al principio de mi carrera en la compañía», comenzó Jerome, «me di cuenta de la gran verdad contenida en el dicho: es más agradable la caza que la obtención de la presa. Aplicado a mi caso, entendí que el camino hacia la cima debía ser, al menos, tan agradable como alcanzar la cima.» «Hay que pensar», continuó Jerome, «que la vida es como un viaje y que, en definitiva, el destino de todos nosotros es morir. Pero pienso que todo el mundo estará de acuerdo en que vivir una vida llena de aventuras es más divertido que morir después de 30 ó40 años de aburrimiento. De forma que mi esposa Mary y yo decidimos, desde el principio, que mi viaje hasta lo más alto de la compañía iba a ser una gran aventura, porque debo decir que nunca vacilé en mi decisión de recorrer todo el camino hasta el final.»
«¿Cuántas veces os trasladasteis de lugar en los últimos 25 años?», le pregunté.
«Siete veces», contestó Jerome. «Eso se tradujo en la venta de siete casas, la compra de otras siete, en tener que introducir a nuestros hijos en siete diferentes sistemas escolares y en tener que amoldarnos a las características de siete ambientes sociales diferentes.»
«La mayoría de la gente consideraría que eso representa un sacrificio excesivo en la carrera profesional», observé.
«Lo que hicimos Mary y yo», me explicó Jerome, «fue convertir cada traslado en una aventura. Ayudamos a nuestros hijos a ver cada cambio de residencia como una oportunidad de hacer todavía más amigos, de conocer más lugares del país, de experimentar nuevas costumbres, nuevos climas y diferentes formas de vida. Seguro que los chicos echaron de menos a sus amigos durante una temporada, pero los jóvenes se adaptan muy rápidamente.»
«También hubo muchos inconvenientes que tuve que soportar. Tuve que amoldarme, en el tránsito, a distintos directores. Algunos eran grandes personas. Unos pocos no lo eran. En algunas ocasiones tuve bajo mi responsabilidad a personas que no me gustaban. Y, por dos veces, me encontré con compañeros de trabajo que intentaron entorpecer el avance en mi carrera, poniéndome en mal lugar. Pero todas estas experiencias las di por buenas, me fortalecieron.»
Lo que Jerome me contó se puede resumir en esto: el sacrificio es, en gran medida, una actitud mental. La gran mayoría de la gente considera que un traslado significa tener que hacer un sacrificio. En vez de verlo así, Jerome y Mary lo convirtieron en una aventura.
Disfrute haciendo sacrificios: son inversiones de cara al éxito (II)
Si sacrificarse merece la pena, ¿por qué la gente hace lo que sea para evitarlo?, ¿por qué la gente se resiste a hacer sacrificios?, ¿por qué no está dispuesta a renunciar al placer del momento, en aras de una mayor satisfacción futura? Quizá se trate de la antigua actitud popular de tiempos de guerra, en los cuales los soldados decían, «come, bebe y sé feliz ahora, ya que mañana puedes morir», o quizá se trata de esa tendencia a no avanzar, propia de una generación que lo basa todo en el «ahora» y que quiere que sus demandas sean satisfechas de forma inmediata, como ocurre con la recompensa instantánea que esperan los niños.
Aquél que quiera lograr el máximo éxito, tiene que estar dispuesto a sacrificarse o, lo que es lo mismo, a invertir ahora para obtener compensación más adelante.
Para comprobar la validez de lo anterior, consideremos esto:
La mayoría de la gente, al alcanzar la edad de 65 años, tiene pocos ahorros, inversiones u otros valores, y eso que han formado parte durante 45 años de vida adulta de la sociedad más rica que se ha conocido. Si estas personas que pueden considerarse pobres, o casi pobres, hubieran invertido, solamente un 10 % de lo que ganaron, en una cualquiera, de entre los cientos de posibilidades de inversión «segura», estarían en muy buena posición económica y el sistema de la Seguridad Social podría suprímirse por completo.
Muchos jóvenes creen que no deberían de trabajar más de 35 ó 40 horas a la semana. Si se les pidiera que trabajaran más horas lo considerarían un sacrificio tan grande, que muchos de ellos tratarían de conseguir otro trabajo.
Millones de personas que desempeñan tareas que están siendo rápidamente asumidas por robots y ordenadores piensan que es demasiado sacrificado aprender esas nuevas técnicas de las cuales existe una demanda cada vez mayor.
En vez de invertir una parte de lo que ganan, millones y millones de personas ceden a la tentación y efectúan compras siguiendo un plan de los del tipo, «no deberá hacer usted ningún pago en los primeros 48 meses».
Millones de estudiantes, en lugar de sacrificarse y aprender de verdad las asignaturas, utilizan cualquier procedimiento imaginable para aprobar el curso, con excepción del consistente en estudiar y aprender.
Sin embargo, también hay que decir que hay personas, de todas las edades, que resultan dignas de admiración por su fuerza de voluntad y por su buen sentido a la hora de aceptar sacrificios.
Los médicos son uno de los grupos profesionales más respetados en nuestra sociedad. ¿Por qué? Porque hay que realizar enormes sacrificios para obtener la calificación correspondiente. Para llegar a ser médico hay que obtener unas notas excelentes, antes, y, después, someterse a un programa verdaderamente duro en la escuela superior de medicina. A partir de entonces comienza el verdadero sacrificio: hay que trabajar como residente o interno en un hospital para adquirir experiencia práctica.
Un interno trabajo 100 ó más horas a la semana con un sueldo muy bajo, tiene jornadas de hasta 36 horas seguidas, sin descansar ni dormir, y solamente disfruta de un día libre al mes. Las personas que preparan a los médicos dicen que este programa tan extraordinariamente duro de trabajo es esencial para enseñar a los nuevos a adquirir la disciplina y el sentido de la responsabilidad que debe tener un médico. El servicio de adiestramiento para la medicina es muy duro, pero los que pasan con éxito la situación de internado, se sienten muy orgullosos de ello.
John Y., un joven médico amigo mío, es un ejemplo de ello. Le conozco desde que comenzó su formación premédica hace 10 años. Hace poco, me dijo: «He trabajado de 12 a 16 horas al día los siete días de la semana desde que comencé en la escuela superior. No me importa haberme tenido que sacrificar. Recuerdo que tú definías el sacrificio como una inversión. Pronto seré un médico en activo y obtendré una renta muy elevada en relación a la de la mayoría de la gente. Y, entonces, todos mis amigos que han tenido durante años un horario de 9 de la mañana a 5 de la tarde me verán con cierta envidia porque viviré mejor que ellos.»
Las observaciones de John hicieron que me acordara de otros jóvenes que conozco y que se están sacrificando en la actualidad para obtener en el futuro una compensación superior. Pete W. trabaja en un servicio de ordenadores. Tiene la máquina a su lado durante 168 horas a la semana. Y hace las llamadas del servicio de buen grado, ya que, como el dice, «es mi trabajo, me gusta y la empresa cree que hay que tener contentos a los clientes».
También conozco a una mujer de 32 años de edad que trabaja a jornada completa de secretaria y a tiempo parcial de camarera para ayudar a mantener a una hermana menor que padece una enfermedad de riñón incurable, cuyo tratamiento resulta muy caro.
El sacrificio es una inversión que significa más que simplemente dinero. El sacrificio proporciona una satisfacción profunda cuando ayudamos a otros a encontrar alegría en este mundo.
¿Se acuerda de la afirmación de A.J. Gouthey que he mencionado anteriormente? «Conseguir ganar algo sin arriesgar nada, lograr experiencia sin ningún peligro u obtener una compensación económica sin trabajar es tan difícil como vivir sin haber nacido.»
Permítame que cuente una vez más una vieja historia. Un rey muy rico quería resumir los factores que se necesitan para llegar al éxito. A tal efecto, pidió a las personas más sabias de su reino que le revelaran el secreto. «Os daré diez años para que encontréis la respuesta», les dijo. Pasados los diez años, los sabios volvieron al rey y pusieron sobre su mesa 24 libros.
«Esto parece demasiado complicado», dijo el rey. «Tomemos otros diez años para hallar la verdadera respuesta.»
Diez años más tarde, aquellos brillantes estudiosos, regresaron. En esta ocasión pusieron sobre la mesa del rey solamente un libro.
«Esto resulta todavía excesivamente complicado», les dijo el rey. «Os doy otros diez años más para que encontréis la fórmula del éxito.»
Pasaron diez años más y los sabios, cada vez más viejos y débiles, volvieron y situaron un trozo de papel sobre la mesa del rey. En el papel estaba escrito, «no hay atajo sin trabajo».
El rey quedó encantado. «Por fin», dijo, felicitando a los sabios, «habéis encontrado la fórmula del éxito. No hay atajo sin trabajo.»
Los amigos, la felicidad, los logros, el dinero, el ascenso, las recompensas, el amor y cualquier otra cosa que merezca la pena, se obtienen, solamente, por medio del sacrificio.
Disfrute sacrificándose. El sacrificio le conduce al éxito.
David Schwartz
21/10/09
Aprender a fracasar
El éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse, decía el conocido estadista e historiador británico Winston Churchill.
Nadie puede decir que no fracasa nunca, o que fracasa pocas veces. El fracaso es algo que va ligado a la limitación de la condición humana, y lo normal es que todos los hombres lo constaten con frecuencia cada día.
Por eso, los que puede decirse que triunfan en la vida no es porque no fracasen nunca, o lo hagan muy pocas veces: si triunfan es porque han aprendido a superar esos pequeños y constantes fracasos que van surgiendo, se quiera o no, en la vida de todo hombre normal. Los que, por el contrario, fracasan en la vida son aquellos que con cada pequeño fracaso, en vez de sacar experiencia, se van hundiendo un poco más.
Triunfar es aprender a fracasar.
El éxito en la vida viene de saber afrontar las inevitables faltas de éxito del vivir de cada día. De esta curiosa paradoja depende en mucho el acierto en el vivir. Cada frustración, cada descalabro, cada contrariedad, cada desilusión, lleva consigo el germen de una infinidad de capacidades humanas desconocidas, sobre las que los espíritus pacientes y decididos han sabido ir edificando lo mejor de sus vidas.
Las dificultades de la vida juegan, en cierta manera, a nuestro favor. El fracaso hace lucir ante uno mismo la propia limitación y, al tiempo, nos brinda la oportunidad de superarnos, de dar lo mejor de nosotros mismos. Es así, en medio de un entorno en el que no todo nos viene dado, como se como se va curtiendo el carácter, como va adquiriendo fuerza y autenticidad.
Sería una completa ingenuidad dejar que la vida se diluyera en una desesperada búsqueda de algo tan utópico como es el deseo de permanecer en un estado de euforia permanente, o de continuos sentimientos agradables. Quien pensara así, estaría casi siempre triste, se sentiría desgraciado, y los que le rodeen probablemente acabarían estándolo también.
Como decía G. von Le Fort, "hay una dicha clara y otra oscura, pero el hombre incapaz de saborear la oscura, tampoco es capaz de saborear la clara". O como decía Quevedo, "el que quiere de esta vida todas las cosas a su gusto, tendrá muchos disgustos".
Por eso, en la tarea de educar el propio carácter, o el de los hijos, es muy importante no caer en ninguna especie de neurosis perfeccionista.
Porque errores los cometemos todos. La diferencia es que unos sacan de ellos enseñanza para el futuro y humildad, mientras que otros sólo obtienen amargura y pesimismo. El éxito, volvemos a repetir, está en la capacidad de superar los tropiezos con deportividad.
Da pena ver a personas inteligentes venirse abajo y abandonar una carrera o una oposición al primer suspenso; a chicos o chicas jóvenes que fracasan en su primer noviazgo y maldicen contra toda la humanidad; a aquellos otros que no pueden soportar un pequeño batacazo en su brillante carrera triunfadora en la amistad, o en lo afectivo, o en lo profesional, y se hunden miserablemente: el mayor de los fracasos suele ser dejar de hacer las cosas por miedo a fracasar.
Da pena ver a personas inteligentes venirse abajo y abandonar una carrera o una oposición al primer suspenso; a chicos o chicas jóvenes que fracasan en su primer noviazgo y maldicen contra toda la humanidad; a aquellos otros que no pueden soportar un pequeño batacazo en su brillante carrera triunfadora en la amistad, o en lo afectivo, o en lo profesional, y se hunden miserablemente: el mayor de los fracasos suele ser dejar de hacer las cosas por miedo a fracasar.
Zig Ziglar
20/10/09
La espiritualidad del éxito
"Tengo más problemas con D.L. Moocly que cualquier otra persona que conozco".
—D. L. Moody, líder religioso (1837-1899)
Cuando las personas oyen por primera vez la frase “el éxito no es lógico”, parecen confundidas y me preguntan qué quiere decir. Para entender completamente su significado, primero debemos comprender lo que significa ser “lógico”. Lo lógico” es la opinión de la mayoría. Es lo que la mayoría de la gente cree que tiene sentido, pero en realidad es un punto de vista subjetivo basado en tiempo y lugar. En Estados Unidos, la gran mayoría de los habitantes terminan quebrados, lo que hace que esa “lógica” resulte ilógica, al menos para las personas que han alcanzado el éxito.
El éxito no se trata de devorarse unos a otros, ni de la supervivencia del más fuerte. Ese no es el éxito verdadero. No perdura. Y no nos hace sentir bien. Le enseñaré lo que yo denomino éxito cuántico: un triunfo auténtico, profundo y duradero basado en las leyes naturales. Estas leyes no tienen nada que ver con empujar, controlar, manipular o herir a otros. Este éxito es natural. Fluye. Nos hace sentir bien y es genuino.
La base de cada concepto que le enseñaré es la siguiente: el éxito no está en lo que usted hace, sino en lo que es. El éxito no está en el hacer, está en el ser. Por lo tanto, no es sólo físico y mental. También es espiritual.
El verdadero éxito externo es simplemente un reflejo del éxito interno. Para que una persona esté entera, debe estarlo física, mental y espiritualmente. Si alguno de estos tres aspectos, entonces la persona no estará completa y eso producirá consecuencias. Dado que el auténtico éxito es simplemente un reflejo de la persona, también debe ser entero: física, mental y espiritualmente. Si no es así, no nos hará sentir bien. No será auténtico. ¡Y no durará!
El verdadero éxito externo es simplemente un reflejo del éxito interno. Para que una persona esté entera, debe estarlo física, mental y espiritualmente. Si alguno de estos tres aspectos, entonces la persona no estará completa y eso producirá consecuencias. Dado que el auténtico éxito es simplemente un reflejo de la persona, también debe ser entero: física, mental y espiritualmente. Si no es así, no nos hará sentir bien. No será auténtico. ¡Y no durará!
Si yo estuviera frente a usted en este mismo instante, comenzaría la capacitación diciendo: “¿Así que usted quiere ser exitoso? ¿Quiere cambiar su vida? ¿Está seguro?” Le haría esta pregunta porque una de las cosas más llamativas que he observado al capacitar a miles de personas en las últimas décadas es que las personas quieren cambiar sus vidas, pero no quieren cambiar (sus vidas). Sí, ya sé que suena ridículo, pero es ridículamente cierto. Uno lo oye decir todo el tiempo: “Si tuviera más dinero, mi vida sería diferente", “Si trabajara por mi cuenta, ganaría lo que merezco”, “Si tuviera otro trabajo, otra pareja, otro ambiente, si, si, si..."
Las personas creen que un cambio externo cambiará sus vidas. Si eso fuera cierto, entonces el 75% a 85% de los que ganan la lotería no se encontraría en quiebra nuevamente al cabo de 5 a 10 años. Esos individuos no obtuvieron un triunfo verdadero y perdurable simplemente ganaron dinero. Por eso su riqueza es una experiencia efímera. El éxito no se logra mediante cambios externos.
Las personas creen que un cambio externo cambiará sus vidas. Si eso fuera cierto, entonces el 75% a 85% de los que ganan la lotería no se encontraría en quiebra nuevamente al cabo de 5 a 10 años. Esos individuos no obtuvieron un triunfo verdadero y perdurable simplemente ganaron dinero. Por eso su riqueza es una experiencia efímera. El éxito no se logra mediante cambios externos.
PARA REFLEXIONAR
¡El éxito no está en el hacer, sino en el ser!
¡Las personas quieren cambiar su vida, pero
no quieren cambiar (sus vidas)!
A llegar a los sesenta y cinco años de edad, el 93 por ciento de la población está muerta o en total quiebra y requiere de la piadosa ayuda financiera de familiares y amigos, o de la seguridad social, para cubrir sus necesidades básicas. En Estados Unidos, el país más grande del mundo en lo que se refiere a las oportunidades y luego de cuarenta a cincuenta años de trabajo arduo, el 93 por ciento de la gente alcanza la... ¡POBREZA!
Esto lo afirma un estudio del año 1990 realizado por el Departamento de Estadísticas Laborales y Cuadros de Mortalidad de dicho país, en referencia a lo sucedido a las personas entre los veinticinco y los sesenta y cinco años de edad.
Esto lo afirma un estudio del año 1990 realizado por el Departamento de Estadísticas Laborales y Cuadros de Mortalidad de dicho país, en referencia a lo sucedido a las personas entre los veinticinco y los sesenta y cinco años de edad.
No sé a ustedes, pero a mí me contaron una historia totalmente diferente. Me inculcaron de muchas maneras distintas que la clave para tener éxito consistía en tener una buena educación y en iniciar un pequeño negocio, o en trabajar para una buena empresa, ser un trabajador leal y escalar posiciones en la jerarquía corporativa. Al final del camino, recibiría una pensión o tendría ahorros suficientes como para vivir un retiro confortable. Obviamente esa historia no es real; si no, ¿por qué existe tanta gente que a duras penas sobrevive durante esa etapa?
Y como si apellas sobrevivir no fuera suficientemente malo, tenga en cuenta estos datos:
1. Son menos los hombres que tienen un capital de 100 dólares a los 68 años, luego de años de trabajo, que a los 18 años. (Denby’s Economic Tables, 1990)
2. Ochenta y cinco de cada cien personas no tienen 250 dólares en electivo cuando se jubilan (Administración de la Seguridad Social, 1990).
3. Más de un tercio de todos los ciudadanos mayores viven por debajo de la línea de pobreza que establece el gobierno nacional (Censo EE.UU, 1990)
4. Dos millones doscientos cincuenta mil ciudadanos mayores pierden el derecho a su seguridad social porque deben continuar trabajando (Administración de la Seguridad Social, 1990).
¿Es verdad? Sí, y las fuentes son, lamentablemente, muy respetables. Los resultados están a la vista. Usted tiene un 93 por ciento de probabilidad de acabar muerto o en quiebra si hace lo que a mí, y probablemente a usted, nos enseñaron. En una época pensaba que era un gran engaño perpetrado por las grandes empresas para mantener a las personas en el nivel de empleados y así cubrir las necesidades de personal para la oficina y la línea de montaje.
La buena noticia es que, ahora que conoce los resultados, no tiene por qué convertirse en víctima. Puede cambiar su vida y el resultado de la misma cambiando lo que usted sabe.
Lamentablemente, muchas personas pasan por la vida sin cuestionarse lo que creen saber. Desde el momento en que nacemos, nuestra mente, c funciona de manera muy parecida a una computadora, está programada para creer ciertas cosas. A medida que crecemos, formulamos nuestras creencias y acciones en función de lo que sabemos. Al igual que una computadora, nuestra mente sólo puede devolver la información que recibió originalmente. ¡Y si la información recibida es errónea, el resultado será desastroso!
La modelización no exige pensar: exige hacer. Aquí es donde se valora la pereza. Si otra persona logró el resultado que usted desea, sea lo suficientemente perezoso como para hacer exactamente lo mismo y obtendrá los mismos resultado. Esto es “pereza inteligente”. Una vez que haya hecho eso, puede experimentar una depuración del proceso para obtener un mejor resultado. Pero sólo puede hacer eso una vez logrado el resultado positivo inicial, no antes. La razón es que una vez que va lo haya logrado comprenderá las partes esenciales de la fórmula del éxito. Entonces, si obtiene un resultado menor que el deseado, también sabrá por qué.
Espero que pueda apreciar por qué el éxito no es lógico. Para resumir todo lo dicho aquí, para tener éxito hay que ser tonto y holgazán. ¡Apuesto a que nunca antes lo oyó expresado así!
Vincent M. Roazzi
Vincent M. Roazzi
Cómo cultivar su potencial
El novelista H. G. Wells sostuvo que la riqueza, la notoriedad, la posición y el poder no son de ningún modo una medida para el éxito. La única medida verdadera del éxito es la relación entre lo que podríamos haber sido y lo que hemos llegado a ser. En otras palabras, el éxito viene como resultado de la manera en que cultivamos nuestro potencial.
Se ha dicho que nuestro potencial es lo que Dios nos ha regalado, y lo que hacemos con él es nuestro regalo a Dios. Pero al mismo tiempo, nuestro potencial es probablemente el recurso sin utilizar más grande que tenemos. Henry Ford señaló: «No hay hombre viviente que no pueda hacer más de lo que piensa que puede».
Tenemos un potencial casi ilimitado, sin embargo, son muy pocos los que procuran alcanzarlo. ¿Por qué? La respuesta es: Podemos hacer cualquier cosa, pero no podemos hacerlo todo. Muchas personas dejan que quienes le rodean decidan su agenda en la vida. Como resultado, nunca se dedicarán realmente a su objetivo en la vida. Se convierten en personas de muchos oficios -expertos en ninguno- en lugar de enfocarse en uno solo.
Si esto lo describe mejor de lo que le gustaría, probablemente esté listo para dar los pasos para hacer un cambio. A continuación hay cuatro principios que lo pondrán en el camino para cultivar su potencial:
1. Concéntrese en una meta principal
Jamás nadie ha alcanzado su potencial dividiéndose en veinte direcciones distintas. Alcanzar su potencial requiere enfoque. Por eso es importante que descubra su propósito. Una vez ha decidido dónde enfocar su atención, entonces debe decidir a qué cosas debe renunciar para alcanzarlo. Esto es fundamental. No puede haber éxito sin sacrificio. Las dos cosas van de la mano. Si quiere lograr poco, sacrifique poco. Si quiere lograr grandes cosas, esté dispuesto a sacrificar mucho.
2. Concéntrese en un mejoramiento continuo
A David D. Glass -principal oficial ejecutivo de las tiendas Wal-Mart- le preguntaron a quién admiraba más. Respondió que a Sam Walton, fundador de Wal-Mart. Destacó: «Desde que lo conocí, nunca hubo un día en su vida que no mejorara en algún sentido».
La dedicación a un progreso continuo es la clave para alcanzar su potencial y tener éxito. Cada día usted puede ser un poco mejor que ayer. Esto lo coloca a un paso más cerca de su potencial. También encontrará que lo que obtiene como resultado de su crecimiento no es tan importante como lo que usted llega a ser a lo largo del camino.
3. Olvide el pasado
Mi amigo Jack Hayford, pastor de Church on the Way [Iglesia del Camino], de Van Nuys, California, comentó: «El pasado es un asunto muerto, y no podemos impulsarnos hacia el mañana si lo llevamos a cuestas». Desdichadamente, eso es lo que muchagente hace. Y como resultado, nunca progresan.
Me gusta la actitud de Cyrus Curtis, ex propietario del Saturday Evening Post. En su oficina tenía un letrero que decía: «El ayer terminó anoche». Era un recordatorio para él y para sus empleados de que el pasado había quedado atrás y que debían mirar solo hacia adelante.
Quizás usted haya cometido muchos errores o haya tenido un pasado con muchos obstáculos y especialmente difícil. Ábrase camino a través de ellos y avance. No permita que el pasado le impida alcanzar su potencial.
Si necesita inspiración, piense en personas que vencieron obstáculos aparentemente insuperables, como Booker T. Washington. Booker nació en esclavitud, y se le negaron los recursos que la sociedad blanca tenía a su disposición, pero él nunca permitió que esto le impidiera buscar su potencial. Fundó el Instituto Tuskegee, y la National Black Business League [Alianza Nacional para Asuntos de los Negros]. Washington dijo: «Aprendí que el éxito debe ser medido no por la posición que uno haya alcanzado en la vida sino por los obstáculos que se hayan superado tratando de tener éxito».
Piense en Hellen Keller, quien perdió la vista y la audición a los diecinueve meses de edad. Venció sus graves incapacidades, logró graduarse del Colegio Radcliffe, se hizo escritora, una reconocida conferencista, y heroína para las personas ciegas.
Piense en Franklin Delano Roosevelt. En 1921, a los treinta y nueve años, sufrió de una caso grave de poliomielitis que lo dejó inválido y sumido en un terrible sufrimiento. Nunca más pudo caminar sin ayuda. Pero esto no le impidió avanzar en la búsqueda de su potencial. Ocho años después fue gobernador de Nueva York, y en 1932, fue elegido presidente de los Estados Unidos.
Sin duda usted puede pensar en otras personas que han vencido tragedias o errores del pasado para alcanzar su propio potencial. Quizás hasta conozca a alguien que luchó contra la adversidad hasta alcanzar el éxito. Permita que ellos le inspiren. No importa lo que haya tenido que enfrentar en el pasado, usted tiene el potencial para vencerlo.
4. Concéntrese en el futuro
Yoghi Berra, miembro del Salón de la Fama del Béisbol, dijo: «El futuro no es lo que
solía ser». Aunque quizás esto sea cierto, es todavía el único sitio adonde podemos ir. Su
potencial está delante de usted, así tenga ocho, dieciocho, cuarenta y ocho u ochenta años.
Todavía tiene espacio para mejorar. Mañana usted puede ser mejor de lo que es hoy. Como dice el proverbio: «El que no mira hacia adelante, se queda atrás».
David Schwarz
Se ha dicho que nuestro potencial es lo que Dios nos ha regalado, y lo que hacemos con él es nuestro regalo a Dios. Pero al mismo tiempo, nuestro potencial es probablemente el recurso sin utilizar más grande que tenemos. Henry Ford señaló: «No hay hombre viviente que no pueda hacer más de lo que piensa que puede».
Tenemos un potencial casi ilimitado, sin embargo, son muy pocos los que procuran alcanzarlo. ¿Por qué? La respuesta es: Podemos hacer cualquier cosa, pero no podemos hacerlo todo. Muchas personas dejan que quienes le rodean decidan su agenda en la vida. Como resultado, nunca se dedicarán realmente a su objetivo en la vida. Se convierten en personas de muchos oficios -expertos en ninguno- en lugar de enfocarse en uno solo.
Si esto lo describe mejor de lo que le gustaría, probablemente esté listo para dar los pasos para hacer un cambio. A continuación hay cuatro principios que lo pondrán en el camino para cultivar su potencial:
1. Concéntrese en una meta principal
Jamás nadie ha alcanzado su potencial dividiéndose en veinte direcciones distintas. Alcanzar su potencial requiere enfoque. Por eso es importante que descubra su propósito. Una vez ha decidido dónde enfocar su atención, entonces debe decidir a qué cosas debe renunciar para alcanzarlo. Esto es fundamental. No puede haber éxito sin sacrificio. Las dos cosas van de la mano. Si quiere lograr poco, sacrifique poco. Si quiere lograr grandes cosas, esté dispuesto a sacrificar mucho.
2. Concéntrese en un mejoramiento continuo
A David D. Glass -principal oficial ejecutivo de las tiendas Wal-Mart- le preguntaron a quién admiraba más. Respondió que a Sam Walton, fundador de Wal-Mart. Destacó: «Desde que lo conocí, nunca hubo un día en su vida que no mejorara en algún sentido».
La dedicación a un progreso continuo es la clave para alcanzar su potencial y tener éxito. Cada día usted puede ser un poco mejor que ayer. Esto lo coloca a un paso más cerca de su potencial. También encontrará que lo que obtiene como resultado de su crecimiento no es tan importante como lo que usted llega a ser a lo largo del camino.
3. Olvide el pasado
Mi amigo Jack Hayford, pastor de Church on the Way [Iglesia del Camino], de Van Nuys, California, comentó: «El pasado es un asunto muerto, y no podemos impulsarnos hacia el mañana si lo llevamos a cuestas». Desdichadamente, eso es lo que muchagente hace. Y como resultado, nunca progresan.
Me gusta la actitud de Cyrus Curtis, ex propietario del Saturday Evening Post. En su oficina tenía un letrero que decía: «El ayer terminó anoche». Era un recordatorio para él y para sus empleados de que el pasado había quedado atrás y que debían mirar solo hacia adelante.
Quizás usted haya cometido muchos errores o haya tenido un pasado con muchos obstáculos y especialmente difícil. Ábrase camino a través de ellos y avance. No permita que el pasado le impida alcanzar su potencial.
Si necesita inspiración, piense en personas que vencieron obstáculos aparentemente insuperables, como Booker T. Washington. Booker nació en esclavitud, y se le negaron los recursos que la sociedad blanca tenía a su disposición, pero él nunca permitió que esto le impidiera buscar su potencial. Fundó el Instituto Tuskegee, y la National Black Business League [Alianza Nacional para Asuntos de los Negros]. Washington dijo: «Aprendí que el éxito debe ser medido no por la posición que uno haya alcanzado en la vida sino por los obstáculos que se hayan superado tratando de tener éxito».
Piense en Hellen Keller, quien perdió la vista y la audición a los diecinueve meses de edad. Venció sus graves incapacidades, logró graduarse del Colegio Radcliffe, se hizo escritora, una reconocida conferencista, y heroína para las personas ciegas.
Piense en Franklin Delano Roosevelt. En 1921, a los treinta y nueve años, sufrió de una caso grave de poliomielitis que lo dejó inválido y sumido en un terrible sufrimiento. Nunca más pudo caminar sin ayuda. Pero esto no le impidió avanzar en la búsqueda de su potencial. Ocho años después fue gobernador de Nueva York, y en 1932, fue elegido presidente de los Estados Unidos.
Sin duda usted puede pensar en otras personas que han vencido tragedias o errores del pasado para alcanzar su propio potencial. Quizás hasta conozca a alguien que luchó contra la adversidad hasta alcanzar el éxito. Permita que ellos le inspiren. No importa lo que haya tenido que enfrentar en el pasado, usted tiene el potencial para vencerlo.
4. Concéntrese en el futuro
Yoghi Berra, miembro del Salón de la Fama del Béisbol, dijo: «El futuro no es lo que
solía ser». Aunque quizás esto sea cierto, es todavía el único sitio adonde podemos ir. Su
potencial está delante de usted, así tenga ocho, dieciocho, cuarenta y ocho u ochenta años.
Todavía tiene espacio para mejorar. Mañana usted puede ser mejor de lo que es hoy. Como dice el proverbio: «El que no mira hacia adelante, se queda atrás».
David Schwarz
19/10/09
Acepte los riesgos, son la fuente de enormes éxitos
La mejor forma de medir la confianza de una persona es ver su disposición a aceptar riesgos. El miedo queda reflejado en el grado en el cual una persona evita el riesgo.
El viejo dicho, «quien nada arriesga, ni gana ni pierde», siempre será válido. El riesgo, que implica la posibilidad de perder, es tan necesario para triunfar, como lo es el respirar para vivir.
Imagínese lo que ocurriría si todo el mundo decidiera intentar vivir completamente libre de riesgos:
— Ningún granjero sembraría, porque podría ocurrir que lloviera demasiado o muy poco. O que el precio del cereal en el mercado se hundiera.
— Nadie empezaría un negocio, ya que la competencia podría hacer que fracasara.
— No se producirían programas de televisión, porque podría descender mucho la audiencia, y nadie querría poner anuncios.
— Los inversores no arriesgarían su dinero en nuevas construcciones, en la exploración de pozos petrolíferos ni en ningún otro tipo de iniciativas.
— Los artistas y autores dejarían de trabajar, porque el público podría rechazar sus obras.
Para estar completamente segura, la gente tendría que sacar el dinero de los bancos (ya que pueden ir a la quiebra), almacenar alimentos (puede haber una guerra nuclear), evitar conducir sus automóviles (se producen accidentes) y los enfermos, en los hospitales, no permitirían que les hicieran transfusiones de sangre (la sangre podría estar contaminada).
El objetivo de una seguridad absoluta acabaría con la economía casi de la noche a la mañana.
Si quisiéramos evitar por completo el riesgo, nadie pediría un trabajo (podría ser que no lo consiguiera), ni enviaría un poema a una revista literaria (podría ser rechazado), ni pediría a un amigo o amiga una cita (podría ser que no la aceptara), ni hablaría en una reunión (podrían reírse de uno), ni solicitaría que le hicieran un pedido (el posible cliente podría decir que no).He aquí algo muy importante: las personas que se orientan hacia el éxito asumen riesgos, y algunas veces los riesgos desembocan en fracasos.
El 37 % de los millonarios que existen en este momento, fueron a la quiebra después de haber acumulado riqueza. Pero se rehicieron, y volvieron a ganar dinero. Ningún inversor acierta siempre, y las personas que construyen centros comerciales, barrios residenciales o edificios de oficinas a veces pierden dinero.
En el terreno de la prospección petrolífera, la mayoría de los pozos que se excavan están secos. No hay ningún entrenador de fútbol que todos los años tenga una temporada buena. Todos los músicos se equivocan alguna vez. La clave está en cómo se reaccione ante el fracaso. Seguramente habrá oído decir a personas que han fracasado en un trabajo o en un negocio de su propiedad, «una vez y no más».
Hay momentos en los que a todos nos gustaría abandonar. Y si no tenemos cuidado, abandonaremos. La presión de algunos compañeros para que nos rindamos puede ser muy fuerte. A veces nos dicen, "ya lo has intentado. El plan no funcionó. ¿Por qué vas a darte de cabeza contra un muro? Tampoco es para tanto. La mayoría de la gente que intenta hacer algo nuevo fracasa".
Estas personas —sus compañeros y «amigos»— a menudo están contentos de ver cómo se rinde usted. Es muy descorazonador, pero es así. Ellos no tienen el valor de hacer algo por sí mismos. Si ven que usted fracasa, se sienten mejor consigo mismos; usted es uno de ellos: otro mediocre más.
Alex Spencer
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