8/10/09

Deje que los Hábitos Hagan el Trabajo por Usted

Todos sus éxitos y fracasos son el resultado de hábitos que se ha formado. Hay dos clases de hábitos: aquellos que creamos de forma deliberada con un propósito definido, y aquellos que dejamos librados al azar y sin planificación alguna. Ambos funcionan de manera automática; los rige la ley universal que yo llamo “la fuerza cósmica del hábito”.

La fuerza cósmica del hábito ejerce completo control sobre las leyes de la naturaleza. A través de ella la naturaleza mantiene la relación entre átomos, estrellas y planetas, entre estaciones del año, entre enfermedad y salud, entre la vida y la muerte. El mantenimiento de la naturaleza es sistemático, automático y ordenado. Las estrellas y los planetas se mueven con extraordinaria exactitud y coordinación; cada uno mantiene su lugar en el tiempo y el espacio.

El roble siempre nace de la bellota y el pino crece de la semilla de su antecesor. La naturaleza nunca cometería el error de hacer que un pino naciera de una bellota o un roble de la semilla de un pino. Esto es evidente.

Pero ¿por qué es así? Sabemos que no es un mero accidente. Hay una fuerza que crea hábitos en la naturaleza y que les da un carácter de permanente. El Creador le ha dado al hombre la facultad de crear sus propios hábitos según sus deseos y necesidades.

Funcionamos a base de hábitos. Creamos hábitos a través de la repetición de pensamientos y acciones. Eso quiere decir que podemos controlar nuestros destinos y nuestra vida en la medida en que controlemos nuestros pensamientos. Debemos dirigirlos a la formación de aquellos hábitos que necesitamos y deseamos.

Todos tenemos la capacidad de formar hábitos positivos que nos conduzcan al éxito. Todos somos capaces de romper con hábitos negativos y crear en su lugar hábitos positivos.

Los hábitos de todos los seres vivos, excepto los del ser humano, se rigen por el instinto. Esto los sitúa dentro de unos límites de los que no pueden escapar. El Creador no sólo le dio al hombre el completo control sobre su pensamiento, sino que además lo dotó de los medios para elaborar la fuerza del pensamiento y dirigirla a la obtención de fines específicos. El Creador nos ha concedido la facultad de materializar nuestros pensamientos, hacer que se conviertan en realidad.

Esta es una verdad profunda que podemos utilizar para planificar nuestras vidas con inteligencia y controlar los factores que determinan el éxito o fracaso de lo que nos proponemos. Los que han aprendido a controlar su poder mental y dirigirlo a fines específicos obtienen una gran
recompensa. Por el contrario, los que no han sido capaces de hacerlo, pagan un precio muy alto.

La fuerza cósmica del hábito no hace milagros, no ofrece soluciones inmediatas ni nos dice que camino tenemos que seguir. Pero ayuda y estimula al individuo a actuar de manera natural y lógica para transformar sus pensamientos en acciones.

Cuando decida reorganizar sus hábitos y crear unos nuevos, empiece por el hábito del éxito. Concéntrese en lo que desea obtener y sitúese en el rayo del éxito. A su debido tiempo, estos hábitos de pensamiento le conducirán hacia él.

Napoleón Hill

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