20/10/09

La educación como pilar del desarrollo social y económico


Los cambios que se generan hoy en día en el mundo desarrollado hacen cada vez más importante el componente intelectual en la formación de la fuerza laboral. No es suficiente ya con que un país cuente con una población con niveles de alfabetización relativamente bajos y formada en la utilización de las destrezas manuales.

De hecho, como ha revelado el estudio de Shoshana Zuboff, el advenimiento de la era informática hace que progresivamente “las respuestas físicas inmediatas deban ser reemplazadas por un proceso de pensamiento abstracto y creativo en el que se consideran opciones, en el que se hacen selecciones y luego se traducen a los términos de los sistemas de información” (The Age of the Smart Machine).

En The Work of Nations (1991), Robert Reich analiza la creciente importancia de la capacidad del manejo de símbolos, de la capacidad de abstracción, en una sociedad que cada vez más se desplaza hacia la producción de servicios. Según Reich, los trabajadores que se requieren hoy en día y los que pueden contar con salarios crecientes, son los que desarrollen la capacidad para usar el conocimiento y la imaginación, aquellos que estén en condiciones de agregar valor a los bienes y servicios en cuya producción participan. A éstos, Reich los denomina los “analistas simbólicos” y son los que tienen gran demanda en la economía mundial.

Los productores rutinarios (a los que Reich denomina “antiguos soldados de infantería del capitalismo”), aquellos vinculados al trabajo en línea de montaje, son los más vulnerables tanto a la automatización como a la competencia extranjera. En situación ligeramente más ventajosa están los proveedores de servicios personales, cuya formación requiere de mayor educación y disciplina.

En la obra de investigación ‘¿QUIÉNES PROSPERAN?’, Lawrence Harrison aporta su visión acerca de la cuestión educativa y su relación con el desarrollo:

“Los problemas cualitativos de nuestra escuela primaria y secundaria son objeto de intensos y permanentes debates, y esto es muy positivo. Mi principal inquietud no se refiere a los métodos de enseñanza de las matemáticas, la lengua o las ciencias naturales o sociales, aunque sin duda importan mucho. Lo que me preocupa son los valores y las motivaciones: cómo desarrollar una mejor apreciación de la fundamental importancia de la educación para nuestro futuro, y cómo inculcar a nuestra juventud el valor del trabajo, del logro, de la creatividad y del sentido comunitario.

“Concuerdo enteramente con un sabio comentario de Amitai Etzioni: ‘La idea de que es posible incorporar más matemáticas, más lengua, más historia en niños que aún no saben controlar sus impulsos, postergar sus gratificaciones o concluir las tareas que han iniciado, es en verdad muy necia. El primer deber de las escuelas tendría que ser complementar la labor de la familia en cuanto a la formación del carácter’.

A su vez, el célebre futurólogo Alvin Toffler, el hombre que logró predecir algunas de las principales características del fin del siglo XX y del comienzo del XXI, ahora advierte que varias de las instituciones básicas de la sociedad han sido superadas por la realidad.

En el tope de su ranking de la obsolescencia, Toffler menciona con preocupación el sistema educativo, porque -sostiene- las escuelas de hoy fueron pensadas hace 200 años para las fábricas de la Revolución Industrial y no preparan a los jóvenes para la nueva economía. "Sin instituciones públicas de avanzada no puede haber desarrollo económico avanzado", subraya.

Hay que aprender para el mañana y pensar en la educación más allá de la escuela. Los conocimientos de los chicos de hoy sólo en una pequeña parte son aportados por la escuela. Por lo tanto, más gente debe participar del sistema educativo y los medios deben motivar para la educación.

En la sociedad de la “primera y segunda ola”, basada en la producción de bienes, tenía sentido la definición de economía como la ciencia de la administración de los recursos escasos. Pero en esta etapa ya no se trata de recursos escasos, sino del conocimiento, que es un bien ilimitado.

Recientemente, en una conferencia dada en Venezuela, Toffler afirmó con audacia: “quiero sugerirles que le dediquemos menos tiempo a hablar del futuro de la economía y más tiempo a hablar de la economía del futuro".

Parte del "trauma" del paso de la Educación Secundaria a la Educación Superior, es el cambio de paradigma del "conocimiento" al del "pensamiento", de la memoria al razonamiento, de la sumisión al principio de autoridad al ejercicio de la autonomía, es decir, de la libertad [lo cual presupone o implica responsabilidad]. Los alumnos han sido entrenados para "almacenar y procesar datos" [cosa que las máquinas hacen mucho más rápido y mejor] y no para "pensar" qué hacer con ellos.

Por otro lado, en la coyuntura actual, impera el principio de Transitoriedad, esto es, el acortamiento de los períodos de obsolescencia de los conocimientos. Esto quiere decir que, a pesar de los esfuerzos que despleguemos en el presente, lo más probable es que una buena parte de los conocimientos que impartamos a los futuros educadores hayan quedado ya obsoletos o estén en vías de serlo en el momento en que empiecen a ejercer la docencia.

La única alternativa es empezar a asumir esta proyección como un supuesto fundamental del marco teórico subyacente al plan de estudios y orientar una buena parte de nuestros esfuerzos a hacer énfasis no tanto en los contenidos como en el proceso mismo de adquisición de estos contenidos de manera autónoma.

Completamente en línea con este pensamiento se encuentra el enfoque de UNESCO. La agenda de Compromiso "Libertad creadora y desarrollo humano en una cultura de paz", aprobada por aclamación en la Reunión Internacional de Reflexión sobre los nuevos roles de la Educación Superior, convocada por la UNESCO (Caracas, mayo de 1998) reconoció como el mayor reto de la educación secundaria y superior, en los próximos años, su contribución a "la construcción y redefinición de un nuevo pensamiento capaz de identificar los términos de un proyecto social compatible con las exigencias que derivando la necesidad de superar las marcadas desigualdades sociales, integrando a los pueblos como actores de su propia legitimidad".

Por las anteriores razones y frente a los cambios que están ocurriendo, la UNESCO resume así el triple desafío de la Universidad de cara al siglo XXI:

* Su modernización, tanto estructural como curricular.

* La adaptación de la enseñanza a las exigencias de las sociedades latinoamericanas, asumiendo nuevas concepciones del aprendizaje y la necesidad de estrategias prioritarias para los estratos de población más carente.

* El apoyo al desarrollo de un sistema que ofrezca educación a lo largo de toda la vida, teniendo un rol más protagónico y activo en la retroalimentación y la transformación del conjunto del sistema educativo para mejorar su actual calidad y equidad.

1 comentario:

  1. la vdd ni lo lei pero puss luego lo veo va qk les parese jajajjaj

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