19/10/09

Ese 'algo más'....




¡JORVILLE Y WILBUR WRIGHT CONSIGUIERON VOLAR PORQUE AÑADIERON ALGO MÁS! Muchos inventores habían estado a punto de inventar el avión antes de los hermanos Wright, quienes utilizaron los mismos prin­cipios que habían empleado los demás. Pero añadie­ron... algo más. Crearon una nueva combinación. Y alcanzaron el éxito allí donde otros habían fracasado. Ajustaron unas planchas móviles de un diseño espe­cial a los bordes de las alas para que el piloto pudiera controlarlas y conservar así el equilibrio del aparato. Estas planchas fueron las precursoras del moderno alerón.

Observará usted que todas esas historias de éxito tienen un común denominador. En cada uno de los casos, el ingrediente secreto fue la aplicación de una ley universal no aplicada previamente. En eso estri­baba la diferencia. Por consiguiente, si se encuentra usted en el umbral del éxito sin poder franquearlo, trate de añadir algo más. No tiene por qué ser mucho. Las palabras «Hip, hip, hurra» fueron suficientes para conseguir un éxito musical. Unas diminutas planchas fueron suficientes para hacer volar un avión tras el fracaso de otros. No es necesariamente la cantidad de este algo más, sino la «calidad inspirada», lo que cuenta.

¿POR QUÉ LLEGÓ EL TRIBUNAL SUPREMO A LA CONCLU­SIÓN DE QUE ALEXANDER GRAHAM BELL HABÍA INVENTADO EL TELÉFONO?
Muchas personas afirmaron haber in­ventado el teléfono antes que Alexander Graham Bell. Entre los que afirmaban tener patentes anteriores estaban Gray, Edison, Dolbear, McDonough, Vander­weyde y Reis. Philipp Reis fue el único que, al parecer, estuvo cerca del éxito. La pequeña diferencia que re­sultó ser una gran diferencia fue un solo tornillo. Reis no sabía que, en caso de haber girado el tornillo un cuarto de vuelta, hubiera transformado la corriente intermitente en corriente continua. ¡Y entonces hu­biera alcanzado el éxito!

En la causa seguida ante el Tribunal Supremo, éste señaló que:

Reis sabía lo que había que hacer para transmitir el lenguaje por medio de la electricidad es de todo punto evidente, puesto que en su primer escrito decía: «En cuanto sea posible produ­cir, en cualquier lugar y de cualquier manera, vi­braciones cuyas curvas sean las mismas que las de cualquier tono o combinación de tonos deter­minada, recibiremos la misma impresión que aquel tono o aquella combinación de tonos hubie­ran producido en nosotros.»

El tribunal añadía:

Reis descubrió cómo reproducir los tonos musi­cales, pero nada más. Podía cantar a través de su aparato, pero no podía hablar. Desde el principio hasta el final, él mismo lo ha reconocido así.

Al igual que en el caso de los hermanos Wright, el algo más que Bell añadió era relativamente sencillo. Pasó de una corriente intermitente a una corriente continua, el único tipo capaz de reproducir el lenguaje humano. Ambas corrientes son exactamente la mis­ma corriente directa. «Intermitente» significa que se interrumpe con una breve pausa. Concretamente, Bell mantuvo el circuito abierto en lugar de romper el circuito intermitentemente, tal como Reis había hecho.

El tribunal terminaba diciendo:

Reis jamás pensó en ello y no logró transmitir el lenguaje telegráficamente. Bell lo hizo y lo con­siguió. En tales circunstancias, resulta imposible afirmar que lo que hizo Reis fue una anticipación del descubrimiento de Bell. Seguir a Reis es fra­casar; en cambio, seguir a Bell es alcanzar el éxito. La diferencia entre ambos es simplemente la diferencia entre el fracaso y el éxito. Si Reis lo hubiera seguido intentando, tal vez hubiera halla­do el camino del éxito, pero se pasó y fracasó. Bell reanudó su tarea y logró un afortunado resul­tado.

Napoleón Hill

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