27/8/09

Acerca del deseo


‘NUNCA TE CONCEDEN UN DESEO SIN CONCEDERTE TAMBIEN LA FACULTAD DE CONVERTIRLO EN REALIDAD. SIN EMBARGO, ES POSIBLE QUE TE CUESTE TRABAJO’. Richard Bach

La definición de DESEO es: ‘Impulso, movimiento enérgico de la voluntad hacia el conocimiento, posesión o disfrute de una cosa’.

EL DESEO TIENE POR OBJETIVO ALGO QUE PROPORCIONA PLACER O AHUYENTA EL DOLOR, INMEDIATA O REMOTAMENTE, BIEN DEL INDIVIDUO O YA DE OTRA PERSONA POR LA CUAL SE ESTÁ INTERESADO. La aversión o la repugnancia que inspira algo, es meramente una forma negativa del deseo.

Si hay algo indiscutible para decir acerca del deseo, es lo siguiente:

EL DESEO ES EL PRINCIPIO DE TODOS LOS LOGROS HUMANOS
Esta es la importancia fundamental de este hecho psicológico que llamamos deseo. Por eso conviene repetirlo, pero con una aclaración importante:

EL DESEO ES EL PRINCIPIO DE TODOS LOS LOGROS HUMANOS... PERO ES SÓLO EL PRINCIPIO.

El deseo, en realidad, es el combustible de la voluntad.

Lo que llamamos VOLUNTAD, en ciertos hombres fuertes, no es con frecuencia otra cosa que un DESEO INSISTENTE.

Reparemos en el hecho de que quienes barren los obstáculos y se encaraman sobre toda obstrucción que se les oponga, son precisamente los hombres que DESEAN ALGO INSISTENTEMENTE. Recordemos el adagio que dice: ‘uno puede alcanzar todo
cuanto desea con sólo desearlo persistentemente
’. O en su variante más gráfica: ‘Si quieres ser obispo, póntelo en la cabeza’.

Otra verdad indiscutible es que TODOS LOS SERES HUMANOS DESEAMOS.

Desear es natural. Es lo más fácil del mundo. ¿Cuál es la diferencia, entonces, entre las personas que realizan sus metas y aquellas que no lo hacen?

Ocurre que una gran cantidad de personas no saben REALMENTE qué desean, son atraídas aquí y allá por distintos objetos de deseo, tienen anhelos diversos, son tironeadas en distintas direcciones.

Además, puede decirse con propiedad que, más allá de los distintos grados de intensidad del deseo, puede hacerse una clasificación en dos tipos básicos: el deseo activo y el deseo pasivo.
Abel Cortese

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