30/8/09

Obstáculos al desarrollo de la Inteligencia Exitosa (II)

Las personas con inteligencia exitosa se percatan de que el medio en el que se encuentran puede o no capacitarlas para sacar el máximo partido a su talento. Buscan activamente un medio en el que no sólo puedan realizar su trabajo con competencia, sino introducir una diferencia. Crean sus propias oportunidades antes que aceptar pasivamente las limitaciones que a esas oportunidades imponen las circunstancias en las que les toca vivir.

¿Por qué los norteamericanos se preocupan tanto por los test de inteligencia? Hay pocos países en el mundo que los tengan tan en cuenta. Otros países tienen en cuenta las pruebas de resultados, tanto como nosotros o más aún. Pero este tipo de test mide las habilidades y los conocimientos reales. Se puede entender que se dé valor a lo que uno sabe. Pero es menos claro que se dé valor a un test que mide lo que uno podría o no llegar a saber.

El Cociente Intelectual (CI o IQ)concierne a las puntuaciones que se obtienen en diversos tests que se emplean en escuelas y en empresas. La inteligencia concierne a lo que uno puede conseguir realmente. Y la inteligencia exitosa concierne a lo que uno puede conseguir realmente y que además marque una diferencia para uno mismo y para los demás.

Las personas con inteligencia exitosa que no puntúan bien en los tests, al reconocer el exceso de confianza que nuestra sociedad deposita en éstos, estudia la manera de obtener mejores resultados y así incrementa las oportunidades de alcanzar sus objetivos. Si no pueden mejorar sus puntuaciones hasta los niveles deseados, encuentran caminos alternativos para sus fines.

Las personas con inteligencia exitosa tratan de comportarse de tal manera que no sólo resulten competentes, sino que se destaquen de los sujetos que obtienen resultados normales. Advierten que la diferencia entre competencia y excelencia puede ser pequeña, pero que son inmensas las compensaciones, tanto internas como externas, que favorecen a la excelencia.

Si se le pregunta al señor Spock, de la famosa Star Trek, cuál es la temperatura exterior y se le dice que se prefiere la medida en la escala Fahrenheit antes que en la Celsius o la Kelvin, contestará inmediatamente: «72,849273 grados». No hay nada como la precisión a la hora de conocer la temperatura. En realidad, en nuestra sociedad no hay nada como la precisión a la hora de conocer prácticamente cualquier cosa, incluso la medida de la inteligencia. C

on los resultados estandarizados de los tests uno se queda con una abrumadora sensación de precisión; mejor aún, de exactitud. Podemos hablar de un cociente intelectual de 116 —preciso hasta tres dígitos— o de un resultado de SAT de 580, y así sucesivamente. Pero hay un problema. Nuestras habilidades para medir la temperatura y para medir la inteligencia no son las mismas.

En lo que respecta a la temperatura, sabemos exactamente qué estamos midiendo. En lo que concierne a la inteligencia, no.

Además, en el primer caso, lo único que nos impediría ofrecer mediciones con la misma exactitud que el señor Spock sería la precisión de nuestros instrumentos: con un termómetro lo suficientemente preciso, nuestra medida de la temperatura puede aproximarse mucho a la exactitud. En cuanto a los tests de cociente intelectual, puesto que no sabemos exactamente qué estamos midiendo, la creciente precisión de la medición es en gran parte mera ilusión.

Dicho de otra manera, la creciente nitidez de la imagen de una pantalla cinematográfica no hace que los objetos representados sean más reales.

Robert Sternberg

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