1/9/09

El poder de la expectativa en el rendimiento personal

Estamos siempre en condiciones de conseguir lo que esperamos, y quien nada espera, nada alcanza.

El Dr. Norbert Wiener ha dicho:

"Una vez que el hombre de ciencia ataca un problema del que él sabe que tiene una solución, entonces experimenta un cambio rotundo en su actitud hacia el mismo. Ya ha logrado pasar la mitad del camino que ha de conducirle a la solución de la pregunta propuesta".

Experimentos realizados por los psicólogos Robert Rosenthal y Louis Jacobson confirman la eficacia de la "expectativa". Tomaron un grupo de niños de primer grado y les adjudicaron resultados de tests psicológicos falsificados, que se los hacían saber a sus maestros, sugiriendo que esos niños tendrían progresos espectaculares en el curso del próximo año. Los niños eran tomados completamente al azar. Al año, esos niños superaron al resto, mostrando sin duda que nos comportamos a la altura de la expectativa de los demás.

Los alumnos de quienes se dijo artificialmente que "debían tener éxito", progresaron más que los que permanecieron en el anonimato. En un año, por ejemplo, el cociente intelectual de una niña mejicana, pasaba de 61 a 106.

Interrogados sobre estos casos interesantes, los profesores recalcaban la vivacidad de esas niñas, su curiosidad y originalidad.

En cuanto a los alumnos cuyos nombres no habían sido 'apuntados' al maestro, no sólo sus resultados fueron menos buenos que los de sus compañeros supuestamente superiores, sino que cuando demostraron ciertos progresos, fueron vueltos a llevar por el profesor al nivel que ‘debía’ ser el suyo. COMO NO HABÍA SIDO PREVISTO, EL BUEN RESULTADO SE JUZGABA INDESEABLE.

‘Si veo que un individuo tiene mucho potencial’ -dijo un profesor- ‘le dedico atención especial para desarrollar dicho potencial. Cuando evoluciona, entiendo que mi evaluación original era correcta y lo ayudo aún más. Inversamente, los individuos a quienes considero dotados con menor potencial languidecen desprovistos de consideraciones, se desempeñan con desinterés y justifican aún más mi falta de atención’.

El psicólogo Robert Merton fue el primero en identificar este fenómeno como ‘profecía autocumplida’.

También se lo conoce como el ‘efecto Pigmalión’, en alusión a la famosa obra de George Bernard Shaw, quien tomó el título de Pigmalión, un personaje de la mitología grecolatina que creía tanto en la belleza de la estatua que había tallado que logró que ésta cobrara vida.

El ‘efecto Pigmalión’ funciona en muchísimas situaciones. Un ejemplo se presenta en las escuelas, donde la opinión de un maestro influye en la conducta del alumno.

Abel Cortese

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