9/9/09

Establecer un hábito requiere, al principio, considerable energía

Es como si empujásemos un automóvil que se encuentra parado. El primer esfuerzo para vencer la inercia del reposo e imprimirle un movimiento puede requerir un esfuerzo considerable. Pero una vez que empieza a moverse, el esfuerzo necesario para mantenerlo en movimiento es sólo una pequeña fracción del que fue preciso realizar para vencer la situación de reposo’.

Sin embargo, una vez consolidado un hábito, la energía invertida produce muy buenos dividendos.

A poco de mantener cierta disciplina, comienzan su acción verdaderos ‘círculos virtuosos’, ciclos que se refuerzan en las direcciones deseadas. Por ejemplo, el ejercicio físico puede llevar a una espiral reforzadora: nos sentimos mejor, hacemos más ejercicio, nos sentimos aún mejor y hacemos aún más ejercicio...

Abel Cortese

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